lunes, 25 de mayo de 2026

El Lunes de Pentecostés

El Lunes de Pentecostés o celebración del Espíritu Santo, conmemora el final del periodo de Pascua y pone termino a ese período litúrgico.

Como es costumbre de la Iglesia, al día siguiente de cada gran fiesta, se honra a aquellos a través de los cuales tuvo lugar el evento celebrado.

En este día adoramos de manera particular a nuestro Dios, en la hipóstasis del Espíritu Santo, el Consolador prometido por el Salvador a sus discípulos ( Jn 14,16 ), que descendió sobre ellos en Pentecostés y los guió "a toda la verdad. . » ( Jn 16,13 ), y que a través de los Apóstoles y sus sucesores sigue guiándonos a todos.

Ocurre el quincuagésimo día del tiempo de Pascua o Domingo de Resurrección y a ello se debe su nombre.

La festividad celebra la venida del Espíritu Santo y el nacimiento de la Iglesia. En el ámbito religioso es una de las fiestas más importantes después de la Navidad y la Pascua. Al estar sujeta al periodo pascual, es una fecha de tipo móvil dentro del calendario de días festivos.

Pentecostés, era una de las tres grandes fiestas judías y se celebraba con una procesión hacia el templo de Jerusalén, los judíos marchaban hasta allí para alabar a Dios y darle gracias.

Para la religión cristiana, Pentecostés tiene una significación profundamente espiritual porque simboliza la llegada del Espíritu Santo y el descenso sobre sus apóstoles. En ella la obra de Jesucristo es esparcida sobre la tierra. Es la confirmación de la promesa de Jesús de bautizar las almas de sus discípulos y de todas aquellos que creyeron en su palabra.

Es por ello que la celebración de Pentecostés celebra la unión espiritual de todas las almas, que, por medio del bautismo, reciben al Espíritu Santo representado en la figura de Jesús. En Efesios 4:4-6, se relata el significado de su venida de esta manera:” Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.

Espíritu Santo, dame tu luz, con la confianza de un niño pido también la intercesión de mi ángel de la guarda, de modo que tenga la docilidad para escuchar la Palabra y seguirla, como una oveja sigue a su pastor.

https://www.calendarr.com/espana/lunes-de-pentecostes/ Recuperado 24.05.2021

Hipóstasis es un término de origen griego usado a menudo, como equivalente de ser o sustancia. Puede traducirse como «ser de un modo verdadero», «ser de un modo real» 

 https://ec.aciprensa.com/wiki/Uni%C3%B3n_hipost%C3%A1tica/ Recuperado 24.05.2021

Consiste en la creencia de que Dios es uno y trino, es decir, es una unidad conformada por tres personas divinas relacionadas entre sí: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. A este principio de comunión de tres personas en un solo Dios se le conoce también como hipóstasis.

sábado, 23 de mayo de 2026

Salvador Crer: Un Hombre de Fe

Salvador Crer - 18/07/1927- 28/05/2021

Hombre de fe, es lo primero que quiero decir.
Conjugaron en él la fe y la arabidad siria.
La fe: heredada, apropiada, vivida minuto a minuto en su larga vida.

Un servidor incansable a la Iglesia de Cristo, y venerador de San Jorge. Una actividad cristiana al servicio de nuestra iglesia hasta que su cuerpo se lo impidió.
Transitó la  vida en la fe. Creencia que trascendió el plano espiritual.
Construyó una familia, honró su matrimonio junto a Sofía, su compañera de siempre. Y su herencia más preciada: hijos, nietos, nietas, bisnieta.
Para nuestra colectividad, partió el primer socio fundador, el socio número uno del Club Social Argentino Sirio, creado en la parroquia San Jorge, acontecimiento que protagonizó  con orgullo y nostalgia, entre otros tantos bellos recuerdos: la orquesta de la Parroquia, la participación en los carnavales, las veladas árabes, las pascuas de resurrección, la festividad de San Jorge…
¡Cuánto para decir de nuestro querido Salvador!.
Honesto, atento, amistoso, con una lealtad y sencillez que emociona.
Salva, no te fuiste.
Como dice mi padre, dejaste “tu aroma”. Como tantos otros grandes hombres y mujeres, pioneros/as de nuestra comunidad que partieron.
En el incienso de cada domingo estará tu olor. En el altar, en cada vela encendida estará tu luz. En cada rincón del templo permanecerá tu palabra suave, delicada, tu sonrisa genuina. Porque tu andar y hacer era en oración.
Amigo leal, la santidad en tu ser.
Tu memoria será eterna. Estás en nuestro corazón.

Georgina Habelrih
Rosario, 30 de mayo del 2021

viernes, 22 de mayo de 2026

Akáthistos y la venida del Espíritu Santo

 

El Himno Akáthistos es la más grande composición mariana de la Iglesia de oriente y una de las más grandes de todos los tiempos. Ha gozado siempre de gran estima entre los fieles lo que se refleja en el hecho de que su uso litúrgico se ha mantenido ininterrumpidamente durante mil quinientos años.
El himno fue creado para agradecer a la Madre de Dios su protección sobre la ciudad de Constantinopla ante el ataque de los bárbaros. Según el mismo relato su peculiar nombre se debe a que el pueblo, careciendo de espacio para sentarse, permanecía de pie toda la velada y en adelante se escucharía siempre este himno en esa posición en honor a la Virgen defensora. Desde el punto de vista teológico se puede decir que se trata de un poema sobre la encarnación y manifestación del Hijo de Dios.
El Akáthistos se proyectó en dos planos superpuestos, el de la historia y el de la fe, en dos perspectivas complementarias. La primera parte del himno propone y comenta la teofanía, es decir, la aparición y la primera revelación histórica de Dios en carne humana, con los efectos salvíficos que de ella se derivan. La segunda parte del himno propone la teología de la iglesia antigua, es decir, la profesión de los dogmas de fe que se refieren a María
En el Akáthistos se menciona al Espíritu Santo de Dios que, al bajar, cubre con su sombra a la Virgen, cambiando su seno en virgen-tierra fecunda de gracias: "Aquel seno, fecundado de lo alto, se convierte en campo fértil para todos".
El Espíritu Santo descendió también sobre los Apóstoles como lenguas de fuego, luz radiante y aliento poderoso, llenándolo todo de alegría. Entonces el antiguo pescador, lleno de su fuego llamó a todo el orbe a la Iglesia de Cristo. Soportando las vicisitudes con alegría y enfrentándose sin temor a la muerte violenta, los Apóstoles propagaron por todo el mundo el Evangelio.
Oh misterio insondable, Espíritu de Dios Creador que formó de la nada la belleza celestial, las órdenes angélicas y el cortejo de las estrellas brillantes y conjugó en una maravillosa unión la carne y el espíritu creando al ser humano.
Espíritu eterno, ha dado vida a todo y a todos y de El surgió toda la belleza de la creación, desde las altas montañas a los profundos abismos. Asombrados por su grandeza le cantamos junto a todas las creaturas diciendo:
Ven a nosotros, y llénanos de tu sabiduría.
Ven, pues Tú eres la hermosura tanto de la pequeña flor como de las estrellas lejanas.
Ven, diversidad de la indescriptible belleza eterna.
Ven y enséñame a cumplir en toda tu santa voluntad.
Ven y recréanos en Cristo.
Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros

Espíritu lleno de infinita bondad, Tú descendiste sobre la Virgen purísima, fecundando su seno purísimo y llenándola del esplendor inaccesible de Dios, haciéndola Madre del Logos, Reina de los ángeles y Fuente de nuestra salvación. Llenaste a los Profetas y Apóstoles de una fuerza sobrenatural, llenando sus corazones de la belleza celestial y dando a sus palabras una pasión ardiente que atrajera a los hombres a Dios.
Oh fuente de amorosa luz que nos salva, Vivificador Espíritu, por tu poder insondable acelera la destrucción del mal y revela el eterno triunfo de la Verdad divina. Que Dios sea todo para todos y que todas las criaturas, en el cielo y en la tierra proclamen: ¡Aleluya, aleluya, Aleluya!
Venid fieles a celebrar el descenso del Espíritu Santo que el Padre derrama sobre los Apóstoles. El cubre toda la tierra con el conocimiento de Dios haciéndonos dignos de la vida de la gracia y de la gloria del cielo. Él es el que nos santifica y nos permite exclamar:
¡Ven Espíritu Santo y permanece en nosotros!


Fuentes consultadas:
Himno Akáthistos. Introducción, Traducción y Notas de Gabriel Sergio Díaz Patri.
https://cristoesortodoxo.com/2016/06/20/akacisto-al-espiritu-santo/
https://www.mercaba.org/DicMA/A/akathistos.htm



viernes, 15 de mayo de 2026

Domingo de los Santos Padres de los Primeros y Grandes Concilios Ecuménicos

En este domingo conmemoramos a los santos Padres que participaron en los primeros seis grandes concilios ecuménicos, a saber: 

  1. Concilio de Nicea (325): Con la presencia de trescientos dieciocho Santos Padres, se proclamó la divinidad del Verbo contra Arrio. Después de Nicea los debates sobre la controversia cristológica siguieron por décadas. Finalmente, el emperador Teodosio estableció el credo del concilio de Nicea como la norma para su dominio y convocó el Concilio de Constantinopla en 381 para aclarar la fórmula. Aquel concilio acordó que el Espíritu Santo era consustancial (de la misma sustancia) con Dios Padre y Dios Hijo y empezó a perfilarse la doctrina trinitaria.
  2. Primer Concilio de Constantinopla (381):  los ciento cincuenta Santos Padres defineron la divinidad del Espíritu Santo.
  3. Concilio de Éfeso (431): los doscientos Santos Padres ,  reprobaron a Nestorio, contendiente de la maternidad divina de la Virgen María (Theotocos).
  4. Concilio de Calcedonia (451): seiscientos treinta Santos Padres contra Eutyches sancionaron la doble naturaleza de Cristo
  5. Segundo Concilio de Constantinopla (553) conocido como los "Tres Capítulos": ciento sesenta y cinco Santos Padres y en el
  6. Tercer Concilio de Constantinopla (680) celebrado contra los Monotelitas, en el que participaron ciento setenta Santos Padres.
 Concilio de Calcedonia
 
 El Concilio de Calcedonia se celebró en la ciudad homónima, metrópoli de Bitinia, entre el 8 de octubre y el 1 de noviembre del 451. Fue convocado por el emperador romano Marciano (450-457) el 17 de mayo del 451. 

Este Concilio supuso un hito desde el punto de vista doctrinal, y representa una línea de equilibrio entre las erróneas ideas cristológicas de los nestorianos y de los monofisitas, gracias en buena medida a la actuación del papa León. 

La principal consecuencia del Concilio fue el cisma de los monofisitas

En las principales sedes apostólicas del Imperio bizantino, se abrió un período de disputas entre monofisitas y ortodoxos, con diversas vicisitudes, en las que intervinieron a menudo los emperadores. Aquí tienen su origen las antiguas iglesias orientales, que aún hoy rechazan los resultados del Concilio: la Iglesia Copta que nació de la ruptura del Patriarcado de Alejandría con el resto de la Iglesia, la Iglesia Apostólica Armenia, la Iglesia Ortodoxa Siríaca y la Iglesia Ortodoxa Malankara, de la India. 

 https://www.ecured.cu/Concilio_de_Calcedonia_(451)/ Recuperado 25.05.2021


viernes, 8 de mayo de 2026

La Paz. Equivale la paz a la felicidad?

Han comenzado a marcar las puertas de las casas
con el símbolo de la letra del
alfabeto árabe ن, 
que hace mención
 a la palabra "nazareno"
,
Una forma de designar a los cristianos...
Un buen amigo me preguntaba hace poco por la paz: “¿qué es verdaderamente eso que llamamos paz?”. Al principio le contesté lo primero que se me  vino   a la  cabeza,   sin pensar  mucho  la respuesta: “aquello que buscan con más o menos claridad   todas las naciones, todas  las  familias, todas las personas”. Luego, tras  reflexionar  al respecto con calma, concluí que se trata de algo más complejo. Y, de alguna manera, más sencillo también.

Parece claro que existen dos tipos de paz: la exterior y la interior. La primera hace referencia a la ausencia de guerras, a la supresión de conflictos, venganzas y odios. A la armonía entre pueblos y comunidades, a la calma social. En cambio, la interior resulta más difusa. O, si se quiere, más difícil de definir. Existen incontables religiones, creencias y filosofías que apuestan sobre un modo concreto para llegar a la paz. Unas la consideran el resultado del fin de los sentimientos; otras, el fruto de liberar la mente de todo deseo; y existen filosofías, a su vez, que la encuadran en el marco del placer o de la simple serenidad. Los cristianos, por nuestra parte, terminamos por radicar la paz en una Persona: Jesucristo.

Al menos inicialmente, nos cuesta aceptar algo así. Que la solución a nuestras ambiciones, frustraciones e inconformidades tengan un nombre propio, y además el del mismísimo Hijo de Dios Padre, se nos puede antojar una idea demasiado etérea, abstracta e incluso inalcanzable. Sobre todo si consideramos que todos los días tenemos la oportunidad de tocar y albergar en nuestro cuerpo -gracias al sacramento de la Eucaristía- a dicha Persona. ¿No es casi paradójico que aquello que nuestro corazón ansía con tantas fuerzas se encuentre en cualquier iglesia de cualquier país?



¿Equivale la paz a la felicidad? No lo creo. Tal vez la paz sea una consecuencia de la felicidad. Para los católicos, Cristo es la respuesta definitiva a nuestras inquietudes más recónditas, y, cuando lo encontramos, Él nos otorga la dicha máxima y la paz verdadera. Encontrarnos con Jesucristo nos trae, irremediablemente, la paz.

Decía sobre estas líneas que la paz, pese a ser una meta que cuesta obtener, es al mismo tiempo algo sencillo: no puede consistir en la suma de muchas consideraciones, como si se tratara de una enorme y críptica ecuación matemática. Alcanzar la paz equivale a alcanzar un estado de tremendo equilibrio y simplicidad, en mi opinión.

No hay paz sin perdón, así de simple. Desde el pecado original, los seres humanos estamos marcados por las imperfecciones, por los errores, por el mal. Si queremos la paz, hemos de estar dispuestos a dejar que Dios lave nuestras miserias, y a perdonar aquellas que advertimos en el prójimo. Ese prójimo que es, de hecho, Cristo mismo.


Juan Pablo II dejó escritas muchas reflexiones sobre la paz. Aquí una de ellas, que sirve perfectamente a modo de resumen de lo expuesto anteriormente: “En este tiempo amenazado por la violencia, por el odio y por la guerra, testimoniad que Él y sólo Él puede dar la verdadera paz al corazón del hombre, a las familias y a los pueblos de la tierra. Esforzaos por buscar y promover la paz, la justicia y la fraternidad. Y no olvidéis la palabra del Evangelio: Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9)”.

De la entrevista hecha al Santo Padre Francisco


 Publicado en la Revista Allah Mahabba Año XV. N° 45. Marzo/2015.Edición impresa.

viernes, 1 de mayo de 2026

El Icono de la Samaritana: Jesucristo y su pedagogía con cada uno de nosotros”

De todos es de sobra conocido el texto evangélico de la Samaritana (Jn 4). Un texto sumamente sugerente y confeccionado con gran inteligencia por el evangelista San Juan. Sabemos que se trata de un diálogo ejemplarmente pedagógico, a través del cual Jesús pretende guiar a la samaritana al reconocimiento de su verdad y de la grandeza del Dios que se le está regalando y que ella aún es incapaz de ver. 

El Icono de la Samaritana reproduce muy bien la pedagogía que Jesús lleva con cada uno de nosotros si nos acercamos al pozo.

El lugar donde Jesús “espera” está marcado por esos dos elementos que reúnen en un mismo símbolo (el pozo) las dos esferas complementarias de la vida del hombre: el agua que sacia la sed del cuerpo, y la salvación o elección divina, que sacia la sed del alma. El lugar ya es una instigación contra el dualismo.

Jesús se planta en ese punto o eje cardinal del camino. Su intención no es solo la de descansar, sino la de poder ofrecer el agua verdadera que puede saciar la sed en el camino de la vida.
Sería muy importante que cada uno identificase cuál es ese “pozo” donde se dirige para sacar el agua que –al menos momentáneamente- pueda saciar su sed.
 

La Persona escogida, también lleva una carga simbólica profunda: una mujer samaritana (en cuanto samaritana “excluida” del pueblo Elegido – y en cuanto mujer despreciada por la sociedad – y desconocedora de su propia dignidad y sed). El reto de Jesús aquí será triple y, por lo tanto, más complicado: rescatar a la persona en esa triple dimensión relacional que la constituye en relación con los otros, consigo misma y con Dios. Y todo el diálogo parece seguir esa pauta: la llevará a ir superando esa triple barrera que dificulta el encuentro y la apertura a la verdad.

Cualquiera puede llegar a identificarse con esta mujer. Hay muchos elementos que, en el fondo, nos tocan a todos: sentirnos excluidos por algo, no aceptar nuestra historia, nuestra búsqueda continua de satisfacciones, nuestro permanecer encerrados en conceptos sobre Dios, o en tradiciones, normas, costumbres….nuestra búsqueda de seguridades, miedos, etc….