lunes, 29 de junio de 2026

Solemnidad conjunta de San Pedro y San Pablo

La solemnidad conjunta de Pedro y Pablo es la conmemoración del martirio en Roma de los apóstoles Simón Pedro y Pablo de Tarso, celebrada el 29 de junio. Es una de las mayores celebraciones religiosas para los cristianos católicos y ortodoxos.
La fecha podría ser el aniversario de sus muertes o del traslado de sus reliquias.1
En el Santoral católico, es celebrado como solemnidad.


En las últimas décadas, esta fiesta ha sido de importancia para el moderno movimiento ecuménico como una ocasión en la que el Papa de Roma y el Patriarca de Constantinopla han oficiado servicios diseñados para que sus iglesias vivan ésta celebración  más cerca de intercomunión, como participación en lo común. Este es especialmente el caso durante el pontificado de Juan Pablo II, tal como se refleja en su encíclica, Ut Unum Sint (25 de mayo de 1995), en castellano: Que sean uno.
Tal expresión de voluntad de parte de Cristo para con sus discípulos,  venía amparada por la misma voluntad de Su Padre que, lógicamente, no debía querer separación entre la semejanza que había creado.
De Pedro, recordamos que,  vivió momentos muy importantes junto a Jesús:
  • Vio a Jesús cuando caminó sobre las aguas. Él mismo lo intentó, pero por desconfiar estuvo a punto de ahogarse.
  • Presenció la Transfiguración del Señor.
  • Estuvo presente cuando aprehendieron a Jesús y le cortó la oreja a uno de los soldados atacantes.
  • Negó a Jesús tres veces, por miedo a los judíos y después se arrepintió de hacerlo. 
  • Fue testigo de la Resurrección de Jesús.
  • Jesús, después de resucitar, le preguntó tres veces si lo amaba y las tres veces respondió que sí. Entonces, Jesús le confirmó su misión como jefe Supremo de la Iglesia.
  • Estuvo presente cuando Jesús subió al cielo en la Ascensión y permaneció fiel en la oración esperando al Espíritu Santo.
  • Recibió al Espíritu Santo el día de Pentecostés y con la fuerza y el valor que le entregó, comenzó su predicación del mensaje de Jesús. Dejó atrás las dudas, la cobardía y los miedos y tomó el mando de la Iglesia, bautizando ese día a varios miles de personas.
  • Realizó muchos milagros en nombre de Jesús.
Mientras que Pablo, yendo hacia  Damasco, se  le apareció Jesús                                                        en  medio  de  un  gran  resplandor,
cayó en tierra y oyó una voz que le decía: 
“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” ( Hechos de los Apóstoles 9, 1-9.20-22.). 
Con esta frase, Pablo comprendió que Jesús era verdaderamente Hijo de Dios y que al perseguir a los cristianos perseguía al mismo Cristo que vivía en cada cristiano. Después de este acontecimiento, Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron a Damasco y pasó tres días sin comer ni beber. Ahí, Ananías, obedeciendo a Jesús, hizo que Saulo recobrara la vista, se levantara y fuera bautizado. Tomó alimento y se sintió con fuerzas. 
Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y después empezó a predicar a favor de Jesús, diciendo que era el Hijo de Dios. Saulo se cambió el nombre por Pablo. Fue a Jerusalén para ponerse a la orden de San Pedro.[1]

Los cadáveres de San Pedro y San Pablo estuvieron sepultados juntos por unas décadas, después se les devolvieron a sus sepulturas originales. En 1915 se encontraron estas tumbas  pintadas en los muros de los sepulcros, expresiones piadosas que ponían de manifiesto la devoción por San Pedro y San Pablo desde los inicios de la vida cristiana.
Se cree que en ese lugar se llevaban a cabo las reuniones de los cristianos primitivos. Esta fiesta doble de San Pedro y San Pablo ha sido conmemorada el 29 de Junio desde entonces.

El sentido de tener una fiesta es recordar lo que estos dos grandes santos hicieron, aprender de su ejemplo y pedirles en este día especialmente su intercesión por nosotros.[2]

viernes, 26 de junio de 2026

Solemne conmemoración de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Lecturas y Reflexiones.

 

¿Qué alabanza más hermosa se puede dar a  los Apóstoles que el testimonio que el Señor mismo ha dado de ellos?

Jesús le dijo a Pedro: "bendito eres" y "Tú eres Pedro y sobre esta roca edificaré mi Iglesia", y llamó a Pablo: "vaso escogido, destinado a llevar mi nombre ante príncipes y reyes".

Según la tradición, San Pedro murió crucificado en Roma con la cabeza gacha, bajo Nerón entre 64-67, y en el mismo período San Pablo también murió mártir, nuevamente en Roma, pero a diferencia de Pedro, fue decapitado porque era un ciudadano romano.

 
 
Epístola:
Segunda carta a los Corintios (11:21-12:9)

Tropario de los Apóstoles 
¡Principales en las sedes de los Apóstoles y maestros del universo! Intercedan ante el Señor de todos, que otorgue la paz al mundo y a nuestras almas la gran misericordia.

Santo Evangelio según San Mateo (16:13-19)

Oraciones de los Fieles
Por los que dedican su vida a la expansión del Evangelio en tierras de misión, para que vean en San Pablo un ejemplo a seguir. OREMOS
Por los que se encuentran lejos de su tierra para que la universalidad de la Iglesia haga más confortable ese desarraigo. OREMOS
Por los padres de familia, para que guíen con la fuerza del Espíritu la iglesia doméstica que es su hogar. OREMOS
Por los pobres, los que se encuentran solos, los ancianos, los enfermos para que todos los demás los atendamos con cariño pues son la Iglesia más identificada con Dios. OREMOS
Por todos los que nos hemos reunido en torno a la mesa, para que descubramos que ese misterio nos une con todos los que en el mundo y en todas las épocas se reúnen alrededor del Pan y el Vino. OREMOS (1)

Pedro fue un buen Papa, de muy pocas letras y sin ningún doctorado, cuyas únicas encíclicas fueron dos breves cartas y, al parecer, tuvo un amanuense en San Marcos que en su Evangelio dejó la catequesis que San Pedro daba en Roma.
Fue humilde, por necesidad, porque no podía alardear de mucho, el que había negado públicamente a Jesús por tres veces. Y fue humilde con Pablo, (a quien no le hubiera venido mal aprender un poco de humildad y, así, no hablar tanto de si mismo) que le reprendió por su condescendencia con los judaizantes
Con valentía, y tras la venida del Espíritu Santo, se enfrentó con la multitud judía y sus jefes, echándoles en cara que habían crucificado al enviado de Dios. Soportó la cárcel dos veces y fue azotado. Excomulgó al primer hereje de la Iglesia, Simón Mago. Y al fin derramó su sangre por ese Señor al que le había dicho: “Señor, tú sabes todas las cosas. Tú sabes que te amo”. Abrió las puertas de la Iglesia y reunió un sencillo Concilio en Jerusalén en que declaró que la Ley de Moisés estaba abrogada.[1]
 Aquello de “sobre esta roca levantaré mi Iglesia” les debió sonar a todos aquellos israelitas a divinidad. Para el pueblo de Israel, Dios fue siempre la Roca en la que se sentí seguro contra todos sus enemigos, como un castillo levantado en lo alto de una escarpada roca, que se hace inexpugnable para todo enemigo.
Les debió sonar a que Jesús concedía a su Iglesia participar de la inmovilidad del mismo Dios. Y, realmente, si se ve un poco la Historia, todos los grandes enemigos de la Iglesia han pasado, unos, hace muchos siglos como Nerón, otros, hace decenas de años, como el comunismo ateo, están bajo la fosa del tiempo y la Iglesia sigue viva.
Y la explicación nos la da San Pablo que dice que Cristo es la cabeza y la Iglesia es su cuerpo. Nadie puede ya acabar con el Cuerpo del Hijo de Dios. Una vez pudieron, clavándole con una cruz. Este segundo Cuerpo de la Iglesia, unido a su Cabeza, el Hijo de Dios, nunca jamás será abatido por los enemigos humanos. Será Roca, como Dios es Roca inexpugnable, inconmovible, eternamente firme.(2)


(1)http://www.betania.es/historico/572-13-ord-ped/

viernes, 19 de junio de 2026

Domingo IV de Mateo: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa”


                                           "Señor, no soy digno de que entres en mi casa”

Creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas.[1]



Es impresionante verificar como Jesús entraba y vivía en las casas de la gente: en casa de Pedro (Mt 8,14), de Mateo (Mt 9,10), de Jairo (Mt 9,23), de Simón el fariseo (Lc 7,36), de Simón el leproso (Mc 14,3), de Zaqueo (Lc 19,5). El oficial reconoce: “No soy digno de que entres en mi casa” (Mt 8,8). La gente buscaba a Jesús en su casa (Mt 9,28; Mc 1,33; 2,1; 3,20). Los cuatro amigos del amigos quitan las tejas para que el enfermo baje dentro de la casa donde Jesús estaba enseñando a la gente (Mc 2,4). Cuando ya está en Jerusalén, Jesús se quedó en Betania en casa de Marta, María y Lázaro (12,2). En el envío de los discípulos y de las discípulas su misión es entrar en las casas de la gente y traer la paz (Mt 10,12-14; Mc 6,10; Lc 10,1-9).[2]

Del otro lado, Debemos  de  notar en estos versículos la  bondad  del centurión. Este rasgo de su carácter se manifiesta de tres modos distintos. Le vemos en el tratamiento que da á su siervo: lo cuida tiernamente cuando está enfermo, y se esmera en que recobre la salud. Le vemos también en su cariño por el pueblo Judío. No lo desprecia como otros gentiles lo hacían generalmente, pues los ancianos dan este testimonio importante: "Él ama á nuestra nación." Le vemos finalmente en la generosidad con que patrocinó la sinagoga de Capernaúm: no manifestó su amor para con Israel de palabra solamente, sino también con hechos. Los mensajeros que envió á nuestro Señor apoyaron la petición diciendo: "El nos edificó una sinagoga."[3]

Oración final
La mano del Señor actúa con verdad y justicia,
son leales todos sus mandatos,
válidos para siempre jamás,
para cumplirlos con verdad y rectitud. (Sal 111,7-8)

lunes, 8 de junio de 2026

Rostros luminosos "marcados" por la oración

Presbítero anglicano convertido al catolicismo en 1845,
más tarde fue elevado a la dignidad de cardenal por el papa León XIII y
 beatificado en 2010 en una ceremonía que
 presidió el Papa Benedicto XVI en el Reino Unido
Una bella oración del beato John Henry Newman dice así: "Quédate, Señor, conmigo y entonces yo comenzaré a iluminar como tú iluminas". Esta oración en la que se invita al Señor a quedarse con nosotros nos recuerda a esa otro petición hecha a Jesús por los discípulos de Emaús: ¡Quédate con nosotros porque cae le tarde! (Lc 24, 26). Pedirle a Señor que esté con nosotros, que no se vaya, que se quede con nosotros, es reconocer que sin Él nada podemos y que sin Él la vida carece de luz, belleza y sentido. Cuando estamos con una persona que amamos y ésta, por diversos motivos, se tiene que marchar, al despedirnos de ella nos parece que el mundo es más triste y menos luminoso.
El Señor cuando está con nosotros nos da el calor de su presencia y de su amor y tememos que algún día se tenga que ir, que nos deje solos y desamparados. San Juan de la Cruz describe en poesía esta "ida" de Dios y la búsqueda ansiosa del alma que sale en su búsqueda: "Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eras ido" (Canciones entre el alma y el esposo, 1, 3-5).
La oración de Newman dice que, estando el Señor con nosotros, entonces nosotros comenzaremos a brillar como Él brilla. A quien ama, se le nota el amor en el rostro y en toda su vida. Quien está lleno del amor y de la presencia de Jesús, ilumina de un modo nuevo toda su existencia y los demás ven en él la huella de la presencia divina. De algún modo a los santos se les ha visto en torno a sí esa aureola que los hace participar del mundo divino aun viviendo en esta tierra.


La luz se verá en nosotros, pero no será nuestra, será de Jesús. Él es la Luz de mundo y quien lo sigue no camina en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12). Él es como el sol y nosotros somos sólo la luz refleja de la luna. Quien ora recibe esta maravillosa luz divina que calienta su todo ser, dando luz a la inteligencia y fuerza a la voluntad para vivir en el amor y responder al Amor con amor.
A veces pensamos que oramos mal y efectivamente nuestra oración podría mejorar mucho, pero sin embargo ya por el hecho de orar nuestra vida asume una luz nueva que, a pesar de nuestras luchas, los otros perciben. En su novela "Diario de un sacerdote de pueblo", Bernanos describe el encuentro de un parroquiano, el Sr. Olivier, con un joven sacerdote. El parroquiano le dice al sacerdote que ve en su rostro el hábito de la oración. El sacerdote responde: "Pero si yo oro muy mal". Y el parroquiano le contesta que lo que se ve en él es el esfuerzo por orar, el combate de la oración. Y añade: "Su rostro está como "gastado" por la oración". A veces creemos que nuestra oración es mala porque es una lucha y sin embargo en esa lucha, como en la lucha de Jacob con el ángel, está presente Dios y se nota su presencia luminosa en nuestra vida, dejándonos "marcados", como el ángel marcó a Jacob en el muslo (Gn 32, 26). Dios nos "marca" con su presencia aunque nuestra oración sea una lucha y no sea lo perfecta que quisiéramos.
El mundo espera rostros "marcados" por la presencia de Dios, "gastados" por la oración y de este modo el mundo podrá recibir algo de la luz esplendorosa de Cristo. No temamos el combate de la oración, las luchas de la oración, las noches de la oración, incluso cuando, heridos por el amor de Dios, parece que Él nos abandona por un momento. En esa herida divina, está ya nuestra curación y en esas tinieblas, despunta la luz porque para Dios "las tinieblas son como luz" (Sal 139, 12).


Publicado en la Revista Allah Mahabba. Versión Impresa. Año XV N° 45. Marzo 2015

[1] Nacido en Valdepeñas (Ciudad Real) España , El 4 de diciembre 1957
Legionario de Cristo desde 1974
Grados
Licenciado en Filosofía, Universidad Gregoriana, Roma
Licenciado en Teología, Universidad Gregoriana, Roma
Doctorado en Teología, Universidad Gregoriana, Roma
Otros estudios
Diploma de Estudios Humanísticos Salamanca , España (1976-1977)
Áreas de especialización: Filosofía de la Ciencia, Antropología Teológica, Doctrina Social de la Iglesia católica, Espiritualidad cristiana.

jueves, 4 de junio de 2026

La Eucaristía es el tesoro más valioso que la Iglesia ha heredado de Cristo

http://es.luisapiccarretaofficial.org/news/amame-por-todos-saciame-de-amor/200

Corpus Christi (Cuerpo de Cristo), es una fiesta tradicional  religiosa y popular celebrada con mucha devoción, luego de 60 días contados a partir del Domingo de Resurrección. 
Se celebró por primera vez en 1246 en Lieja (Bélgica), promovida por la religiosa Juliana de "Mont Comillon" en el siglo XIII, con la idea de celebrar una festividad en honor al Cuerpo y la Sangre de Cristo, presente en la Eucaristía. 
Juliana, desde su temprana juventud, tuvo una gran veneración por el Santísimo Sacramento, y siempre anheló una fiesta especial en su honor. Se afirma haberse incrementado este deseo por una visión de la Iglesia bajo la apariencia de la luna llena que tenía un punto negro, el cual significaba la ausencia de tal solemnidad. Ella hizo conocer sus ideas a Robert de Thirete, entonces Obispo de Lieja, al erudito Dominico Hugo, más tarde cardenal legado en los Países Bajos, y a Jacques Pantaléon, entonces Archidiácono de Lieja, después Obispo de Verdun, Patriarca de Jerusalén. 
En 1264 fue instituida como festividad por el papa Urbano IV, mediante la bula “Transitur us hoc mundo”.
Este Oficio, compuesto a solicitud del papa por el Doctor Angélico Santo Tomás de Aquino, es uno de los más bellos en el Breviario Romano y ha sido admirado aún por los Protestantes.
En la Iglesia Griega la fiesta del Corpus Christi se conoce en los calendarios de los Sirios, Armenios, Coptos, Melquitas, y en los Rutenianos de Galicia, Calabria y Sicilia.
La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: « He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo » (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza.
Los Apóstoles que participaron en la Última Cena, ¿comprendieron el sentido de las palabras que salieron de los labios de Cristo? Quizás no. Aquellas palabras se habrían aclarado plenamente sólo al final del Triduum sacrum, es decir, el lapso que va de la tarde del jueves hasta la mañana del domingo. En esos días se enmarca el mysterium paschale; en ellos se inscribe también el mysterium eucharisticum.

https://vito-lavitaebella.blogspot.com/2018/05/o-cristiano-che-pieno-di-fede-vieni.html?spref=pi&m=1
Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial. Se puede observar esto ya desde las primeras imágenes de la Iglesia que nos ofrecen los Hechos de los Apóstoles: « Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones » (2, 42).La « fracción del pan » evoca la Eucaristía. Después de dos mil años seguimos reproduciendo aquella imagen primigenia de la Iglesia. 
Esto nos lleva a sentimientos de gran asombro y gratitud. El acontecimiento pascual y la Eucaristía que lo actualiza a lo largo de los siglos tienen una « capacidad » verdaderamente enorme, en la que entra toda la historia como destinataria de la gracia de la redención. 
Al final de cada Santa Misa también nosotros nos pondremos en camino, llevando el cuerpo de Cristo escondido en nuestro corazón y muy visible en el ostensorio. Acompañaremos el Pan de vida inmortal por las calles de la ciudad donde vivimos. Lo adoraremos y en torno a él se congregará la Iglesia, ostensorio vivo del Salvador del mundo.
Ojalá que todos los cristianos fortalecidos por su Cuerpo y su Sangre, muestren a Cristo a todos con su modo de vivir:  con su unidad, con su fe gozosa y con su bondad.
Que nuestra comunidad melkita recomience intrépidamente desde Cristo, Pan de vida inmortal.
Y tú, Jesús, Pan vivo que da la vida, Pan de los peregrinos, "aliméntanos y defiéndenos, llévanos a los bienes eternos en la tierra de los vivos". Amén.

"Cuando salían de la Divina Liturgia, todos los hombres y mujeres eran como Teóforos, es decir "portadores de Dios". Todos habían comulgado. Y en sus venas corría la sangre de Dios. Eran hijos de Dios y deificados. Y saliendo de la iglesia, marchaban con precaución. Como se marcha cuando se lleva algo inestimable..."


Referencias digitales:
https://www.aciprensa.com/Docum/eclesiaec.htm. Recuperado 29.05.18
http://www.mercaba.org/OSSERVATORE/2001-06-22/homilia_corpus.htm. Recuperado 29.05.18