viernes, 1 de mayo de 2026

El Icono de la Samaritana: Jesucristo y su pedagogía con cada uno de nosotros”

De todos es de sobra conocido el texto evangélico de la Samaritana (Jn 4). Un texto sumamente sugerente y confeccionado con gran inteligencia por el evangelista San Juan. Sabemos que se trata de un diálogo ejemplarmente pedagógico, a través del cual Jesús pretende guiar a la samaritana al reconocimiento de su verdad y de la grandeza del Dios que se le está regalando y que ella aún es incapaz de ver. 

El Icono de la Samaritana reproduce muy bien la pedagogía que Jesús lleva con cada uno de nosotros si nos acercamos al pozo.

El lugar donde Jesús “espera” está marcado por esos dos elementos que reúnen en un mismo símbolo (el pozo) las dos esferas complementarias de la vida del hombre: el agua que sacia la sed del cuerpo, y la salvación o elección divina, que sacia la sed del alma. El lugar ya es una instigación contra el dualismo.

Jesús se planta en ese punto o eje cardinal del camino. Su intención no es solo la de descansar, sino la de poder ofrecer el agua verdadera que puede saciar la sed en el camino de la vida.
Sería muy importante que cada uno identificase cuál es ese “pozo” donde se dirige para sacar el agua que –al menos momentáneamente- pueda saciar su sed.
 

La Persona escogida, también lleva una carga simbólica profunda: una mujer samaritana (en cuanto samaritana “excluida” del pueblo Elegido – y en cuanto mujer despreciada por la sociedad – y desconocedora de su propia dignidad y sed). El reto de Jesús aquí será triple y, por lo tanto, más complicado: rescatar a la persona en esa triple dimensión relacional que la constituye en relación con los otros, consigo misma y con Dios. Y todo el diálogo parece seguir esa pauta: la llevará a ir superando esa triple barrera que dificulta el encuentro y la apertura a la verdad.

Cualquiera puede llegar a identificarse con esta mujer. Hay muchos elementos que, en el fondo, nos tocan a todos: sentirnos excluidos por algo, no aceptar nuestra historia, nuestra búsqueda continua de satisfacciones, nuestro permanecer encerrados en conceptos sobre Dios, o en tradiciones, normas, costumbres….nuestra búsqueda de seguridades, miedos, etc….

lunes, 20 de abril de 2026

San Jorge y Su Monasterio en Siria

La imagen que aparecía en la contratapa de la Revista Allah Mahabba en su edición impresa en papel, presentaba una panorámica del Convento de San Jorge. El mismo está construido sobre  una quebrada que conducía de Jericó a  Jerusalén en la época de Jesús.
Se dice que por ahí pasó Jesús muchas veces. Y se menciona en la parábola del buen samaritano.
Al principio se trataba sólo de cuevas donde vivían ermitaños.
Su momento más glorioso fue después de la invasión de los persas. En vida de San Jorge de Coziba. Se dice que en esta época también el profeta Elías pasó por ahí. -Todo el mundo pasó por ahí. -Es que era un sitio muy bonito.
El monasterio guarda la tumba de San Jorge y cráneos de monjes martirizados.
Se cree que en las proximidades del lugar,  estaría la cueva de Elías.
 Jorge, se presenta como soldado destacado, entre sus historias fruto de la tradición oral y escrita, que en otras ocasiones ya hemos transcripto para nuestros lectores.
A comienzos del siglo IV, el emperador Diocleciano adoptó ciertas medidas para eliminar del ejército de oriente todo lo referente al cristianismo.
Se publicó en la ciudad de Nicomedia un edicto que ordenaba la demolición de las iglesias y la  expulsión de todos los cristianos de las dignidades y cargos administrativos. Y así poco a poco se fueron  haciendo cada vez más crueles represalias contra éstos, extendiéndose la persecución por toda Asia menor.
En la actualidad, nuestros hermanos de oriente medio ¿no están, acaso, expuestos a los mismos padecimientos por profesar la fe cristiana?
Bien vale, recordar  la reacción de  Jorge, ante aquella situación:
Indignado con esta tiranía, Jorge decidió defender públicamente su religión. Repartió sus bienes entre los pobres, y dio libertad a los pocos esclavos que a su servicio tenía.

Defendió con una valentía poco vista la causa de los perseguidos ante el consejo de dignatarios y jefes militares convocado por Diocleciano, y afirmó a viva voz que su religión era única y verdadera, y que no se podía rendir culto a los ídolos.

Se presentó al emperador y declaró que era cristiano, éste sorprendido intentó convencerlo de adorar a los dioses, prometiéndole grandes distinciones y dignidades; y lo amenazó con durísimas penas si no realizaba ese mandato. Pero el capitán Jorge afirmó que él nunca dejaría de adorar a Cristo. Entonces el emperador le declaró la pena de muerte.
Procesión en honor a San Jorge. Abril 2015
Podemos tomar ejemplo de la vida de San Jorge para fortalecernos y fortalecer a los que nos rodean. Las familias necesitan de nuestro testimonio, la sociedad demanda  auxilio y aportar lo mejor de  nosotros: urge.
Es una tarea cristiana y fundamentalmente humanitaria que solo se lleva adelante con fe y esperanza.

Que en esta celebración del Santo Patrono podamos juntos  reflexionar cuanto de esta realidad encontramos hoy en el mundo, calumnias, injurias, persecución, objeto de burlas, de   comentarios no gratos, muertes     injustas.

No podemos permanecer ajenos o mirar para otro lado, dar testimonio de Cristo hoy y sostener nuestra fe sigue siendo una tarea tan grande  como lo fue para San Jorge.

Dar testimonio de fe no es cosa de santos y de la antigüedad.
El evangelio está vigente: es atemporal y la presencia del  Espíritu Santo nos anima a ser una pequeña luz entre las personas.


Lic. Jorgelina Chale
Catequista

Publicado en la Revista Allah Mahabba. Año XV, N° 45. Edición impresa,  Marzo 2015.