viernes, 19 de junio de 2026

Domingo IV de Mateo: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa”


                                           "Señor, no soy digno de que entres en mi casa”

Creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre depositar la confianza en Dios y adherirse a las verdades por Él reveladas.[1]



Es impresionante verificar como Jesús entraba y vivía en las casas de la gente: en casa de Pedro (Mt 8,14), de Mateo (Mt 9,10), de Jairo (Mt 9,23), de Simón el fariseo (Lc 7,36), de Simón el leproso (Mc 14,3), de Zaqueo (Lc 19,5). El oficial reconoce: “No soy digno de que entres en mi casa” (Mt 8,8). La gente buscaba a Jesús en su casa (Mt 9,28; Mc 1,33; 2,1; 3,20). Los cuatro amigos del amigos quitan las tejas para que el enfermo baje dentro de la casa donde Jesús estaba enseñando a la gente (Mc 2,4). Cuando ya está en Jerusalén, Jesús se quedó en Betania en casa de Marta, María y Lázaro (12,2). En el envío de los discípulos y de las discípulas su misión es entrar en las casas de la gente y traer la paz (Mt 10,12-14; Mc 6,10; Lc 10,1-9).[2]

Del otro lado, Debemos  de  notar en estos versículos la  bondad  del centurión. Este rasgo de su carácter se manifiesta de tres modos distintos. Le vemos en el tratamiento que da á su siervo: lo cuida tiernamente cuando está enfermo, y se esmera en que recobre la salud. Le vemos también en su cariño por el pueblo Judío. No lo desprecia como otros gentiles lo hacían generalmente, pues los ancianos dan este testimonio importante: "Él ama á nuestra nación." Le vemos finalmente en la generosidad con que patrocinó la sinagoga de Capernaúm: no manifestó su amor para con Israel de palabra solamente, sino también con hechos. Los mensajeros que envió á nuestro Señor apoyaron la petición diciendo: "El nos edificó una sinagoga."[3]

Oración final
La mano del Señor actúa con verdad y justicia,
son leales todos sus mandatos,
válidos para siempre jamás,
para cumplirlos con verdad y rectitud. (Sal 111,7-8)

lunes, 8 de junio de 2026

Rostros luminosos "marcados" por la oración

Presbítero anglicano convertido al catolicismo en 1845,
más tarde fue elevado a la dignidad de cardenal por el papa León XIII y
 beatificado en 2010 en una ceremonía que
 presidió el Papa Benedicto XVI en el Reino Unido
Una bella oración del beato John Henry Newman dice así: "Quédate, Señor, conmigo y entonces yo comenzaré a iluminar como tú iluminas". Esta oración en la que se invita al Señor a quedarse con nosotros nos recuerda a esa otro petición hecha a Jesús por los discípulos de Emaús: ¡Quédate con nosotros porque cae le tarde! (Lc 24, 26). Pedirle a Señor que esté con nosotros, que no se vaya, que se quede con nosotros, es reconocer que sin Él nada podemos y que sin Él la vida carece de luz, belleza y sentido. Cuando estamos con una persona que amamos y ésta, por diversos motivos, se tiene que marchar, al despedirnos de ella nos parece que el mundo es más triste y menos luminoso.
El Señor cuando está con nosotros nos da el calor de su presencia y de su amor y tememos que algún día se tenga que ir, que nos deje solos y desamparados. San Juan de la Cruz describe en poesía esta "ida" de Dios y la búsqueda ansiosa del alma que sale en su búsqueda: "Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eras ido" (Canciones entre el alma y el esposo, 1, 3-5).
La oración de Newman dice que, estando el Señor con nosotros, entonces nosotros comenzaremos a brillar como Él brilla. A quien ama, se le nota el amor en el rostro y en toda su vida. Quien está lleno del amor y de la presencia de Jesús, ilumina de un modo nuevo toda su existencia y los demás ven en él la huella de la presencia divina. De algún modo a los santos se les ha visto en torno a sí esa aureola que los hace participar del mundo divino aun viviendo en esta tierra.


La luz se verá en nosotros, pero no será nuestra, será de Jesús. Él es la Luz de mundo y quien lo sigue no camina en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12). Él es como el sol y nosotros somos sólo la luz refleja de la luna. Quien ora recibe esta maravillosa luz divina que calienta su todo ser, dando luz a la inteligencia y fuerza a la voluntad para vivir en el amor y responder al Amor con amor.
A veces pensamos que oramos mal y efectivamente nuestra oración podría mejorar mucho, pero sin embargo ya por el hecho de orar nuestra vida asume una luz nueva que, a pesar de nuestras luchas, los otros perciben. En su novela "Diario de un sacerdote de pueblo", Bernanos describe el encuentro de un parroquiano, el Sr. Olivier, con un joven sacerdote. El parroquiano le dice al sacerdote que ve en su rostro el hábito de la oración. El sacerdote responde: "Pero si yo oro muy mal". Y el parroquiano le contesta que lo que se ve en él es el esfuerzo por orar, el combate de la oración. Y añade: "Su rostro está como "gastado" por la oración". A veces creemos que nuestra oración es mala porque es una lucha y sin embargo en esa lucha, como en la lucha de Jacob con el ángel, está presente Dios y se nota su presencia luminosa en nuestra vida, dejándonos "marcados", como el ángel marcó a Jacob en el muslo (Gn 32, 26). Dios nos "marca" con su presencia aunque nuestra oración sea una lucha y no sea lo perfecta que quisiéramos.
El mundo espera rostros "marcados" por la presencia de Dios, "gastados" por la oración y de este modo el mundo podrá recibir algo de la luz esplendorosa de Cristo. No temamos el combate de la oración, las luchas de la oración, las noches de la oración, incluso cuando, heridos por el amor de Dios, parece que Él nos abandona por un momento. En esa herida divina, está ya nuestra curación y en esas tinieblas, despunta la luz porque para Dios "las tinieblas son como luz" (Sal 139, 12).


Publicado en la Revista Allah Mahabba. Versión Impresa. Año XV N° 45. Marzo 2015

[1] Nacido en Valdepeñas (Ciudad Real) España , El 4 de diciembre 1957
Legionario de Cristo desde 1974
Grados
Licenciado en Filosofía, Universidad Gregoriana, Roma
Licenciado en Teología, Universidad Gregoriana, Roma
Doctorado en Teología, Universidad Gregoriana, Roma
Otros estudios
Diploma de Estudios Humanísticos Salamanca , España (1976-1977)
Áreas de especialización: Filosofía de la Ciencia, Antropología Teológica, Doctrina Social de la Iglesia católica, Espiritualidad cristiana.