viernes, 6 de febrero de 2026

Tercer Domingo de la Pre Cuaresma: El juicio Final

Está homilia pertenece a San Gregorio Nacianceno, también conocido como  Gregorio el Teólogo. Fue un arzobispo cristiano de Constantinopla en el siglo IV.​ Está ampliamente considerado como el más completo estilita retórico de la patrística.



Sermón: ¿Hay peor pecado que no tener caridad?
«Conmigo lo hicisteis» (Mt 25,45)
sobre el amor a los pobres 27, 28, 39-40: PG 35, 891ss

¿Te imaginas que la caridad no es obligatoria sino libre, que no fuera una ley sino simplemente un consejo? También lo quisiera yo y lo pensaría con gusto. Pero la mano izquierda de Dios me espanta, allí donde ha colocado los cabritos para dirigirles sus reproches, no porque hayan robado, extorsionado, cometido adulterio o perpetrado otros delitos de este orden, sino porque no han honrado a Cristo en la persona de sus pobres.

Si me queréis creer, vosotros, siervos de Cristo, hermanos suyos y coherederos con él, mientras no sea tarde, ¡visitemos a Cristo, sirvamos a Cristo, alimentemos a Cristo, honremos a Cristo, no tanto ofreciéndole una comida como hacen algunos, o el perfume como María Magdalena, o una sepultura como José de Arimatea, o Nicodemo, u oro, incienso y mirra, como los Magos.

«Misericordia quiero y no sacrificios.» (Mt 9,13) Esto es lo que quiere el Señor del universo, la compasión antes que miles de corderos cebados. 

Presentémosle la misericordia por manos de los abatidos por la miseria, y el día de nuestra muerte nos «recibirán en las moradas eternas» (Lc 16,9), en Cristo mismo, Nuestro Señor, a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos.

https://www.deiverbum.org/mt-25_31-46/#Gregorio_Nacianceno

viernes, 30 de enero de 2026

Segundo Domingo de la Pre cuaresma: La parábola del Hijo Pródigo

En este segundo domingo de la precuaresma, leeremos la homilia de Macario de Egipto, considerado uno de los Santos Padres del Desierto.


Homilía: Dame, de nuevo, lo que he perdido
«Un hombre tenía dos hijos» (Lc 15,11)
Acerquémonos al Señor, la puerta espiritual y llamemos para que nos abra! Pidamos recibirle a él mismo, el pan de vida (cf Jn 6,34). Digámosle: «Dame, Señor, el pan de la vida para que viva, porque estoy en peligro, amenazado por el hambre del pecado. 

Dame el vestido luminoso de la salvación para que cubra la vergüenza de mi alma, porque estoy desnudo, privado del poder de tu Espíritu y avergonzado por la indecencia de mis pasiones» (cf Gn 3,10).

Y si él te dice: «Tenías un vestido ¿dónde lo tienes?» respóndele: «He caído en manos de bandoleros, me han despojado y molido a palos y dejado medio muerto, me han quitado mi vestido y se lo han llevado.

Dame sandalias espirituales, porque los pies de mi espíritu están llagados por las espinas y los zarzales (cf Gn 3,18); voy errante por el desierto y no puedo avanzar. 

Dame la vista del corazón para que vea de nuevo; abre los ojos de mi corazón porque mis enemigos invisibles me han dejado ciego y me echan encima un velo de tinieblas; ya no puedo contemplar tu rostro celestial tan deseado. 

Dame el oído espiritual porque mi inteligencia está sorda y no ya no puedo escuchar tus conversaciones tan suaves y agradables. 

Dame el óleo de la alegría (Sal 44,8) y el vino del gozo espiritual. 

Sáname y devuélveme la salud porque mis enemigos, bandoleros temidos, me han dejado medio muerto.»

Dichoso aquel que suplica con perseverancia y fe, como indigente y herido, porque recibirá lo que pide; obtendrá la salud y el remedio eternos y será liberado de sus enemigos que son las pasiones del pecado.

https://www.deiverbum.org/lc-15_01-03-y-11-32/#Macario_de_Egipto