viernes, 27 de marzo de 2026

Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor

Compartimos el sermón  de San Andrés de Creta, sobre el domingo de Ramos.
San Andrés nació en Damasco (Siria) a mediados del siglo VII. A pesar de la elocuencia que poseyó en su edad madura, se cuenta que hasta la época de su primera comunión, era muy poco locuaz.
Abrazó la vida monástica a los quince años de edad en el monasterio de San Sabas en Jerusalén, por lo que también es llamado a veces "San Andrés el Jerosolimitano" o "San Andrés de Jerusalén". 
Andrés de Creta fue un excelente compositor de himnos sagrados. Algunos de ellos se cantan todavía, dejando una huella perdurable en la divina liturgia bizantina.


Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy de Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia su venerable y dichosa pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres.

Porque el que va libremente hacia Jerusalén es el mismo que por nosotros, los hombres, bajó del cielo, para levantar consigo a los que yacíamos en lo más profundo y colocarnos, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido.

Y viene, no como quien busca su gloria por medio de la fastuosidad y de la pompa. No porfiará —dice—, no gritará, no voceará por las calles, sino que será manso y humilde, y se presentará sin espectacularidad alguna.

Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros.

Alegrémonos, pues, porque se nos ha presentado mansamente el que es manso y que asciende sobre el ocaso de nuestra ínfima vileza, para venir hasta nosotros y convivir con nosotros, de modo que pueda, por su parte, llevarnos hasta la familiaridad con él.

Ya que, si bien se dice que, habiéndose incorporado las primicias de nuestra condición, ascendió, con ese botín, sobre los cielos, hacia el oriente, es decir, según me parece, hacia su propia gloria y divinidad, no abandonó, con todo, su propensión hacia el género humano hasta haber sublimado al hombre, elevándolo progresivamente desde lo más ínfimo de la tierra hasta lo más alto de los cielos.

Así es como nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían su verdor, su fruto y su aspecto agradable, sino revistiéndonos de su gracia, es decir, de él mismo, pues los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo. Así debemos ponernos a sus pies como si fuéramos unas túnicas.

Y si antes, teñidos corno estábamos de la escarlata del pecado, volvimos a encontrar la blancura de la lana gracias al saludable baño del bautismo, ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria.

Repitamos cada día aquella sagrada exclamación que los niños cantaban, mientras agitamos los ramos espirituales del alma: Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor.

Fuentes digitales: 
https://www.deiverbum.org/homilias-ciclo-a_semana-santa_dia-01-domingo-de-ramos/
https://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_de_Creta

martes, 24 de marzo de 2026

María, tu sí

Resultado de imagen para Dichosa de ti María que has dado vida humana a tu propio Dios.
Cuantas cosas pasaron gracias al si de María. Ella es una de las figuras más importantes del plan de Salvación, ya que gracias a su si, se convierte en corredentora, en Instrumento Divino.

Joaquin y Ana siempre sintieron que su amada hija estaba destinada a algo muy importante, especial. Ella fue formada religiosamente, por lo tanto, siempre fue consciente de las situaciones que fueron sucediendo. 

María es un medio con su cuerpo, mediadora por voluntad Divina. En la Anunciación, el ángel la enaltece, la sorprende y ella se pone al servicio de Dios. Ella dice que si a Dios sin condiciones. 


Corre riesgos, gracias a la Fe, es valiente y cumple la voluntad del Altísimo. Al entregar su vida a Dios en totalidad, se compromete a aceptar todo lo que el plan de salvación implicaba: el rechazo de José cuando se entera de que estaba embarazada, la muerte del mismo y finalmente la muerte de su adorado Hijo. Como habría sido esa despedida, Jesús y María mirándose a los ojos, diciéndose lo mucho que se amaban.
En el evangelio se dice que María estaba de pie frente a la cruz. Esto significa que ella tenía plena conciencia de lo que ocurría en aquel momento. 



San Juan Pablo II manifestó "Dichosa de ti María que has dado vida humana a tu propio Dios".

María, siendo madre de Jesús, también encarna la maternidad de todos los hombres, inclusive la de aquellos quienes mataron a su propio Hijo.
María, madre virgen. Cuando las sagradas escrituras dice "mirad la virgen encinta" se confirma su virginidad.

María, Arca de la Alianza. Nueva arca de la alianza de Dios con los hombres, creada en la plenitud de la gracia, anunciada por Dios, por el profeta y por el ángel.
María: camino seguro para llegar a su Hijo.
Que nuestra devoción a María sea tan sincera, tan comprometida, tan incondicional, que algún día el Señor nos diga "He oído a mi Madre hablarme de ti".




Síntesis elaborada por la catequista
Silvina A.Possenti Farah
acerca de la conferencia dictada 
por la Prof.  Mariologa Dinorah Baraldo
en la Parroq. Católica San Jorge. Rosario
Editada en la Revista Allah Mahabba
Año III N° 8. 2001