viernes, 3 de abril de 2026

Via Crucis



Si desea rezar el Vía Crucis durante esta Cuaresma, aquí tiene dos formatos: uno sencillo y otro más completo. Se los puede bajar en estos links.

Forma breve del Vía Crucis  http://iglesiasdeifre.com/archivos/Via%20Crucis%20breve.pdf
Forma completa del Vía Crucis
http://iglesiasdeifre.com/archivos/Via%20Crucis.pdf

He aquí unas líneas  sobre la identidad, historia y fórmulas de esta hermosísima oración cristiana.

Concepto, descripción, historia
El Vía Crucis es quizás la más bella y antigua devoción, que ha brotado del pueblo santo de Dios en su afán de reproducir los misterios de la pasión y muerte de Jesucristo.


Es hacer memoria del camino de la cruz -la palabra latina “vía crucis” se traduce por la española “camino de la cruz”- de Jesucristo. Es acompañar al Señor en las intensas horas del dolor y del amor más grandes. Es compartir y completar en nosotros lo que le falta a la pasión del Salvador.


Orígenes
El cristianismo recibe carta de libertad y de ciudadanía en el imperio romano a partir del edicto de Milán del emperador Constantino en el año 313. A la madre de éste, Santa Helena, se le atribuye el hallazgo de la verdadera cruz del Señor, en Jerusalén. A partir del siglo IV comienzan las peregrinaciones a Tierra Santa y particularmente a la ciudad santa de Jerusalén. Los peregrinos al llegar a Jerusalén se encontraban con la piadosa tradición que identifica y reconoce a determinados lugares de esta ciudad con los acontecimientos más importantes de la pasión de Cristo y el recorrido que El mismo realizó hasta llegar a la Cruz y que, por consiguiente, los peregrinos querían también recorrer en actitud de oración y de veneración.

Nacen así las “estaciones”, las “paradas” en el camino de Jesús, por la Vía Dolorosa jerosolimitana, hacia el Calvario, el lugar de la crucifixión del Redentor.
A partir del siglo XIII, los Franciscanos, se establecen en la “custodia” de estos Santos Lugares y divulgan el rezo del Vía Crucis, que cautivó pronto al pueblo cristiano.
La Iglesia adopta también esta praxis y la inserta dentro de las prácticas cuaresmales, particularmente durante los viernes de cuaresma y de una manera especialmente significativa el Viernes Santo, el día del Vía Crucis.

Vía Crucis tradicional
Desde tiempo, pues, inmemorial el pueblo cristiano ha recordado -esto es, ha vuelto a traer al corazón- los misterios de la pasión y muerte del Señor mediante el rezo del Vía Crucis. Para ello se crearon catorce estaciones, la mayoría de ellas basadas en los relatos bíblicos y otras muy apegadas a la tradición popular.

Las catorce estaciones tradicionales o clásicas del Vía Crucis tienen el siguiente enunciado:
   
     
            1ª Estación: Jesús es condenado a muerte.
            2ª Estación: Jesús carga con la cruz.
            3ª Estación: Jesús cae por primera vez.
            4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre María.
            5ª Estación: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz.
            6ª Estación: La Verónica enjuga el rostro del Señor.
            7ª Estación: Jesús cae por segunda vez.
            8ª Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
            9ª Estación: Jesús cae por tercera vez.
            10ª Estación: Jesús es desnudado en la cruz.
            11ª Estación: Jesús es crucificado.
            12ª Estación: Jesús muere en la cruz.
            13ª Estación: El descendimiento del Señor de la cruz.
            14ª Estación: Jesús es sepultado.

jueves, 2 de abril de 2026

Viernes Santo. La paciencia y el silencio de Jesús en su Pasión

 San Juan Crisóstomo y la luz de la Fe que debe iluminar | El Blog de Arcadei
 Meditación de San Juan Crisóstomo
“Admirable cosa es la paciencia, pues al alma, liberada de las tempestades que suscitan los espíritus malignos, la establece en un puerto tranquilo. Cristo nos la enseñó y nos la enseña, sobre todo ahora que es llevado y traído para juicio. Llevado a Anás, respondió con gran mansedumbre; y al criado que lo hirió, le contestó de un modo capaz de reprimir toda soberbia. Desde ahí fue llevado a Caifás y luego a Pilato, gastándose en eso toda la noche; y en todas partes y ocasiones se presentó con gran mansedumbre.Cuando lo acusaron de facineroso, cosa que no le podían probar, El, de pie, lo toleró todo en silencio. Cuando se le preguntó acerca del reino, le respondió a Pilato, pero adoctrinándolo y levantándole sus pensamientos a cosas mayores. 
Mas ¿por qué Pilato no examina a Jesús delante de los judíos sino en el interior del pretorio? Porque tenía gran estima de Jesús y quería examinar la causa cuidadosamente, lejos del tumulto. Cuando le preguntó: ¿Qué has hecho? Jesús nada le responde; en cambio, sí le responde acerca del reino. Le dice: Mi reino no es de este mundo, que era lo que más anhelaba saber el presidente. Como si le dijera: En verdad soy rey, pero no como tú lo sospechas, sino rey mucho más espléndido. 
 
Por aquí y por lo que sigue le declara no haber hecho nada malo. Pues quien asegura: Yo para esto he nacido y a esto vine, para dar testimonio de la verdad, claramente dice no haber hecho nada malo.8Y cuando dice: Todo el que es discípulo de la verdad oye mi voz, invita a Pilato y lo persuade a oír sus palabras. Como si le dijera: Si alguno es veraz y anhela la verdad, sin duda me escuchará. Con estas pocas palabras lo excita hasta el punto de que Pilato le pregunta: ¿Qué es la verdad? Pero mientras hace esa pregunta, a Pilato lo insta y oprime lo urgente del momento, pues advierte que semejante pregunta necesitaba tiempo para responderse, mientras que a él lo urgía el ansia de librar a Jesús del furor de los judíos. 
 
Por tal motivo salió afuera. Y ¿qué les dice?: Yo no encuentro en él delito alguno. Observa cuán prudentemente lo hace. Porque no dijo: Puesto que ha pecado, es digno de muerte, pero ceded a la solemnidad. Sino que primero lo declaró libre de toda culpa; y hasta después, a mayor abundamiento, les ruega que si no quieren dejarlo libre como a inocente, a lo menos por la solemnidad lo perdonen como a pecador. Por tal motivo añade: Tenéis vosotros la costumbre de que en la Pascua se os dé libre un prisionero. Luego, como quien suplica, dice: ¿Queréis, pues, que os suelte al rey de los judíos? Vociferaron todos: No a ése, sino a Barrabás. ¡Oh mentes execrables! ¡Dejan libres a criminales como ellos y de sus mismas costumbres y en cambio ordenan castigar al que es inocente! ¡Antigua era en ellos semejante costumbre! Pero tú considera la benignidad del Señor." 
 
(SanJuan Crisóstomo, Explicación del Evangelio de San Juan, Homilía LXXXIV (LXXXIII), Tradición S.A. México 1981, Tomo 2, pp. 345-352)