lunes, 30 de marzo de 2026

El Gran Lunes, Martes y Miércoles Santo

 Lunes Santo y Grande

El Gran Lunes Santo es un día crucial dentro de la Semana Santa. Se conmemora la parábola de las diez vírgenes. Mt 25, 1-12.

Es necesario estar alerta y vigilante para recibir al novio tan pronto como llegue; nuestras almas no deben cargarse con preocupaciones innecesarias. La pasión salvadora es la gran oportunidad que el Señor nos ofrece para poder entrar al Reino, si nuestras lámparas están sin aceite, significa que estamos perdidos en las cosas del mundo y no hemos conocido el don de Dios y por lo tanto seremos excluidos del Reino. . ¡Bienaventurados, en cambio, los que tienen la lámpara encendida y pueden recibir al Esposo a su llegada! Si nuestras lámparas están llenas de aceite, significa que hemos hecho fructificar el talento que el Señor nos confió. Y luego, entraremos con Él a la luz del Reino.

El Gran Martes Santo se dedica a la lectura del Santo Evangelio según San Mateo: Mt,24-36, 26,2 «Estad en vela» (Mt 24,42).

Dichoso tú cuando Cristo llama a tu puerta. Nuestra puerta es la fe que, si es sólida, defiende toda la casa. Es por esta puerta que Cristo entra. Por eso la Iglesia dice en el Cantar de los Cantares: «Oigo la voz de mi hermano que llama a la puerta». Escucha al que llama, escucha al que desea entrar: «¡Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche». (Ct 5,2). Fíjate en qué momento el Dios Verbo llama a tu puerta: cuando tu cabeza está cubierta del rocío de la noche. Porque él se digna visitar a los que están sometidos a prueba y a tentaciones a fin de que ninguno sucumba, vencido por las dificultades. Su cabeza está cubierta de rocío o de gotas de agua cuando su cuerpo está penando.

Es entonces cuando hay que velar por temor a que, cuando el Esposo vendrá, no se vaya porque ha encontrado cerrada la puerta de la casa. En efecto, si tú duermes y tu corazón no está en vela (Ct 5,2), él se aleja antes de llamar; si tu corazón está en vela, llama y te pide le abras la puerta. Nosotros, pues, disponemos de la puerta de nuestra alma, y disponemos también de las puertas sobre las cuales se ha escrito: «¡Portones, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria!» 

San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia - Sermón: La puerta de la fe.

 El Gran Miércoles Santo se recuerda la unción del pecador. Este tema de la unción tiene una importancia muy grande, pues ya es un anuncio del entierro de Jesús. (Lc.7, 36-50)

La pecadora con su unción anticipa el embalsamamiento del cuerpo vivificante del Señor. Es el Señor mismo quien atribuye este gran significado a la unción del pecador, que debe recordarse hasta el fin de los tiempos. El contacto con Jesús salva de manera total e ilumina al pecador, que antes estaba sumergido en los placeres de la noche y sumergido en el abismo del mal.

La liturgia de este día destaca el contraste entre el gesto generoso del pecador y la traición de Judas. Esta mujer rocía al Ungido de Israel con un perfume precioso y con sus lágrimas, además de lavar los pies del Salvador, también lava y borra sus pecados, porque amó mucho. En cambio, Judas quiere especular sobre este gesto de amor y contaba con el ungüento del pecador, el que estaba a punto de vender al Ungido de Dios. Judas, que había respirado la gracia de Jesús, se separa de él por envidia y por el amor al dinero; mientras que una mujer pecadora, que confiesa sus pecados con sus lágrimas, se convierte en mirófora incluso antes del entierro del Señor. ¡Ésta es la grandeza de la conversión!

sábado, 28 de marzo de 2026

Semana de las Palmas

La sexta y última semana de Cuaresma se llama “Semana de las Palmas”, precedida por el “Sábado de Lázaro”, que  narra el episodio del evangelio según San Juan.
Esta semana será central porque se manifiesta el último gran milagro de Jesús. 
Jesús comienza su viaje hacia Betania, cuando se entera que su amigo ha muerto. El centro de atención es Lázaro, su enfermedad, su muerte y el dolor de sus allegados, y la compasión que siente Cristo ante estos acontecimientos.

El nombre de Lázaro significa “Dios es nuestro auxilio”. El amor por cada hombre que sufre, muere y el cariño a sus seres queridos que sienten la pérdida. La liturgia bizantina de la semana anterior nos recuerda el proceso.

    El lunes se anuncia a Jesús la enfermedad de su amigo: “Señor, cuando tú estabas cerca del Jordán, anunciaste que la enfermedad de Lázaro era para Tu Gloria. ¡Oh Jesús, nuestro Dios, damos gloria a la magnificencia de tus obras, y a tu omnipotencia, porque has abatido la muerte con la abundancia de tu misericordia, ¡Oh amigo de los hombres!”.
    El martes escuchamos: “Ayer y hoy, de la enfermedad de Lázaro, dan la noticia los mensajeros  de las hermanas a Jesús. Oh Betania, prepárate con alegría a hospedar al Soberano y Rey, para aclamar con nosotros: ¡Señor, Gloria a ti!”.
    El miércoles: “Hoy Lázaro muere y es sepultado, y sus hermanas cantan con lamento, pero tu, oh Cristo, que todo lo sabes de antemano, has anunciado el acontecimiento, diciendo a los discípulos: "Lázaro se ha dormido, pero ahora voy a despertar a aquel que yo he plasmado". Todos nosotros aclamamos a pesar del temor: ¡Gloria a tu Potencia y Fuerza!”.
    El jueves: “Hoy es el segundo día de la muerte de Lázaro, y sobre él caen las lágrimas del dolor de sus hermanas María y Marta, esperando al lado de la piedra del sepulcro, llega el Señor con sus discípulos para expoliar a la muerte, regalándole la vida. A él aclamamos: ¡Gloria a ti!”.
    El viernes: “Dos de los discípulos hoy son enviados a tomar el asno para el Soberano de todo: "verá sobre sí a aquel que ha sido antes portado por multitud de serafines"; y comienza a espantar a la muerte dominadora el mundo, que ya ha depredado a Lázaro, de la estirpe de los mortales”.

El icono de la Resurrección de Lázaro
 





Llegado el sábado, la celebración de la liturgia, se presenta junto al “Domingo de las Palmas”. 
En el icono, Jesús se sitúa en el centro. Está de pie y vestido de túnica roja (símbolo de la divinidad) y manto azul (símbolo de la humanidad): Cristo es Persona divina encarnado. Esto lo reafirma cuando alza su mano indicando el lugar del sepulcro de su amigo, con sus tres dedos extendidos (tres personas y un solo Dios) y su doble naturaleza (humana y divina), uniendo el pulgar y el anular (una sola Persona).
Vemos como ya la mera representación nos indica lo principal del dogma cristológico: una sola Persona, y esta divina, con dos naturalezas, verdadero Dios y verdadero hombre.
Lleva el galón dorado de la unción del Espíritu Santo y de sacerdote: Él es el Sumo y Eterno Sacerdote y el Cristo. En su otra mano porta el rollo, signo de la profecía, ya que este poder sobre la muerte viene anunciado por los profetas.
Sobre su cabeza el nimbo dorado cristiforme, con las palabras: “Yo Soy”. De modo que el Nombre de Dios revelado a Moisés (Ex 3, 14) hoy se explicita en Cristo: “Yo soy la resurrección y la vida (Jn 11, 25). Resuena las palabras de Jesús cuando alude a la zarza: “es un Dios de vivos y no de muertos”. El semblante de Jesús es la síntesis de varios momentos: Jesús se conmovió en su espíritu (Jn 11, 33); Jesús se echó a llorar (Jn 11, 35); Jesús levantando los ojos al cielo oró a su Padre (Jn 11, 41). El rostro de Jesús expresa todas estas circunstancias.

A cada lado del Salvador se sitúan dos grupos de hombres. A su derecha, los discípulos del Señor y, a su izquierda, los que han ido a dar el pésame a las hermanas de Lázaro. Ambos lados sitúan a Jesús como el centro de la salvación, como el Germen de la Vida, aquellos que se sitúan a su derecha son los que le siguen, los de su izquierda los que le albergan en su corazón el odio.
El grupo de los discípulos viene encabezado por Pedro. Pedro está justo detrás del Maestro y le señala con su mano, indicándonos que es Él el verdadero Señor de la vida y de la muerte. Todos los discípulos se agrupan, de modo que nos indica que estos están dispuestos a adquirir esta vida de Jesús, como un solo cuerpo, una sola Iglesia, que conserva estos misterios. Su cara es de sorpresa, todos miran a Jesús.
El grupo de la izquierda son aquellos que han ido a visitar a Marta y María, para darles sus condolencias. Los rostros de estos expresan estupefacción, asombro y odio. Fueron muchos los que creyeron del Él (Jn 11, 45). Otros, los sumos sacerdotes y los escribas y fariseos temen que crean en Él (Jn 11, 47-48). En algunos iconos de la Resurrección de Lázaro se representa a uno de ellos señalando. Es Caifás, el sumo sacerdote ese año. Señala diciendo: “No entendéis ni palabra: no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera” (Jn 11, 49-50). Esto lo dijo en profecía, nos señala al Cordero de Dios en favor de los hombres. Dentro de este grupo hay uno de ellos que se tapa la nariz.
  
El segundo personaje principal del icono es Lázaro que ya está fiera de la tumba, con lo ojos abiertos. Su mortaja de vendas es blanca, indicando la nueva vida: la resurrección. A su lado están tres personajes. Uno que se tapa la nariz y la boca, indicando aquello que le dijo Marta a Jesús: “Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días” (Jn 11, 39). Cristo está dispuesto a eliminar de toda la creación cualquier signo de corrupción. El segundo está quitando la losa que cubre el sepulcro y, el tercero, quita los vendajes del muerto. Estos dos últimos son los únicos personajes que no miran a Jesús y que nos miran a nosotros. Son los que testifican que el acontecimiento es algo real y cierto y nos dan testimonio.

Los últimos personajes son Marta y María, que están a los pies de Jesús. Con sus manos veladas, adoran al Señor de la vida y reconocen que en su encarnación reside el misterio del “Dios-con-nosotros”. Una mira el rostro de Jesús, arrodillada, mira hacia arriba, sabiendo que viene de parte de Dios: “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo” (Jn 11, 27). La otra, María, se arroja a los pies de Jesús y le lava los pies con sus lágrimas. Son las dos posiciones de la oración: la que alza la mirada para reconocer los signos de Dios, y la petición humilde, para que el Señor intervenga. Ambas recuerdan a la imagen de Eva del icono de la bajada a los infiernos, símbolo de la Iglesia en súplica y oración, esperando la resurrección de los muertos.

Para acabar esta descripción, puede observarse el marco de esta escena en dos aspectos: la ciudad amurallada y la gruta entre dos montañas. La ciudad es Betania, símbolo de la fortaleza de la Vida que trae Cristo. Nos indica también que Jesús va camino de Jerusalén.

Si contemplamos la gruta y la estructura de la composición nos damos cuenta que tiene forma de útero. El iconógrafo ha querido representar las entrañas de la madre que da vida, como fruto de este segundo nacimiento. Si nos fijamos en esta simbología podemos rememorar la misma en las pilas bautismales, que presentan este útero. Los cristianos somos sepultados en Cristo, para participar de su vida, del mismo modo que participamos de su muerte y resurrección.

Conclusión
En este camino cuaresmal son muchos los que se preparan para el bautismo de la noche del sábado, en la vigilia pascual. Todo el camino  "nos lleva a Betania y a Jerusalén, acompañando a Jesús, siendo escogidos por Él". Esta es la participación en la vida que nos regala Jesús, el bautismo, que nos conduce a la nueva Creación, la transformación de todo lo creado en Cristo. Signo de esto se da en la liturgia, que reproduce esta Nueva Jerusalén.

Autor: Daniel Rodríguez Diego
Recuperado 5 de abril 2019




viernes, 27 de marzo de 2026

Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor

Compartimos el sermón  de San Andrés de Creta, sobre el domingo de Ramos.
San Andrés nació en Damasco (Siria) a mediados del siglo VII. A pesar de la elocuencia que poseyó en su edad madura, se cuenta que hasta la época de su primera comunión, era muy poco locuaz.
Abrazó la vida monástica a los quince años de edad en el monasterio de San Sabas en Jerusalén, por lo que también es llamado a veces "San Andrés el Jerosolimitano" o "San Andrés de Jerusalén". 
Andrés de Creta fue un excelente compositor de himnos sagrados. Algunos de ellos se cantan todavía, dejando una huella perdurable en la divina liturgia bizantina.


Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy de Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia su venerable y dichosa pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres.

Porque el que va libremente hacia Jerusalén es el mismo que por nosotros, los hombres, bajó del cielo, para levantar consigo a los que yacíamos en lo más profundo y colocarnos, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido.

Y viene, no como quien busca su gloria por medio de la fastuosidad y de la pompa. No porfiará —dice—, no gritará, no voceará por las calles, sino que será manso y humilde, y se presentará sin espectacularidad alguna.

Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros.

Alegrémonos, pues, porque se nos ha presentado mansamente el que es manso y que asciende sobre el ocaso de nuestra ínfima vileza, para venir hasta nosotros y convivir con nosotros, de modo que pueda, por su parte, llevarnos hasta la familiaridad con él.

Ya que, si bien se dice que, habiéndose incorporado las primicias de nuestra condición, ascendió, con ese botín, sobre los cielos, hacia el oriente, es decir, según me parece, hacia su propia gloria y divinidad, no abandonó, con todo, su propensión hacia el género humano hasta haber sublimado al hombre, elevándolo progresivamente desde lo más ínfimo de la tierra hasta lo más alto de los cielos.

Así es como nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían su verdor, su fruto y su aspecto agradable, sino revistiéndonos de su gracia, es decir, de él mismo, pues los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo. Así debemos ponernos a sus pies como si fuéramos unas túnicas.

Y si antes, teñidos corno estábamos de la escarlata del pecado, volvimos a encontrar la blancura de la lana gracias al saludable baño del bautismo, ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria.

Repitamos cada día aquella sagrada exclamación que los niños cantaban, mientras agitamos los ramos espirituales del alma: Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor.

Fuentes digitales: 
https://www.deiverbum.org/homilias-ciclo-a_semana-santa_dia-01-domingo-de-ramos/
https://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_de_Creta

martes, 24 de marzo de 2026

María, tu sí

Resultado de imagen para Dichosa de ti María que has dado vida humana a tu propio Dios.
Cuantas cosas pasaron gracias al si de María. Ella es una de las figuras más importantes del plan de Salvación, ya que gracias a su si, se convierte en corredentora, en Instrumento Divino.

Joaquin y Ana siempre sintieron que su amada hija estaba destinada a algo muy importante, especial. Ella fue formada religiosamente, por lo tanto, siempre fue consciente de las situaciones que fueron sucediendo. 

María es un medio con su cuerpo, mediadora por voluntad Divina. En la Anunciación, el ángel la enaltece, la sorprende y ella se pone al servicio de Dios. Ella dice que si a Dios sin condiciones. 


Corre riesgos, gracias a la Fe, es valiente y cumple la voluntad del Altísimo. Al entregar su vida a Dios en totalidad, se compromete a aceptar todo lo que el plan de salvación implicaba: el rechazo de José cuando se entera de que estaba embarazada, la muerte del mismo y finalmente la muerte de su adorado Hijo. Como habría sido esa despedida, Jesús y María mirándose a los ojos, diciéndose lo mucho que se amaban.
En el evangelio se dice que María estaba de pie frente a la cruz. Esto significa que ella tenía plena conciencia de lo que ocurría en aquel momento. 



San Juan Pablo II manifestó "Dichosa de ti María que has dado vida humana a tu propio Dios".

María, siendo madre de Jesús, también encarna la maternidad de todos los hombres, inclusive la de aquellos quienes mataron a su propio Hijo.
María, madre virgen. Cuando las sagradas escrituras dice "mirad la virgen encinta" se confirma su virginidad.

María, Arca de la Alianza. Nueva arca de la alianza de Dios con los hombres, creada en la plenitud de la gracia, anunciada por Dios, por el profeta y por el ángel.
María: camino seguro para llegar a su Hijo.
Que nuestra devoción a María sea tan sincera, tan comprometida, tan incondicional, que algún día el Señor nos diga "He oído a mi Madre hablarme de ti".




Síntesis elaborada por la catequista
Silvina A.Possenti Farah
acerca de la conferencia dictada 
por la Prof.  Mariologa Dinorah Baraldo
en la Parroq. Católica San Jorge. Rosario
Editada en la Revista Allah Mahabba
Año III N° 8. 2001

viernes, 20 de marzo de 2026

"AKATHISTOS" HIMNO EN HONOR A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

"AKATHISTOS"
Himno en honor a la Santísima Virgen María
siglo VII O VIII
Cuando el enemigo oye el akathistos huye furioso


"El himno oriental "Akáthistos" repite con insistencia este "alégrate"
(del ángel a María)"
-Juan Pablo II.
Explicación
El Akáthistos (a veces pasa al español como "acátisto") es un gran himno de la liturgia oriental griega que medita sobre el misterio de la Maternidad Divina.
Etimología: (a =negativo, y kathistomai=sentarse). Akáthistos quiere decir "no sentado". Se le llama así porque, a diferencia de otros himnos en la liturgia bizantina, se canta y escucha de pie como el Evangelio en señal de especial reverencia.  La Iglesia oriental lo considera como expresión de su doctrina y piedad hacia la Madre de Dios.
Importancia
En el rito bizantino ocupa un lugar privilegiado y goza de su propia fiesta: el quinto sábado de cuaresma, llamado precisamente por eso sábado de Akáthistos
Es un himno de acción de gracias. La ciudad de Constantinopla, consagrada a María, cuando se veía asediada por los bárbaros recurría a su protección; y le daba gracias con vigilias y cánticos en su honor. Según el relato del Sinaxario, el Akáthistos habría tomado su nombre de las celebraciones nocturnas de agradecimiento a María: "Celebramos esta fiesta en recuerdo de las prodigiosas intervenciones de la Inmaculada Madre de Dios. 
Como recuerdo de estas liberaciones de Constantinopla, que todos atribuían a la Virgen, quedó la solemne introducción al Akáthistos  (probablemente del S.VIII):
¡A la invicta estratega
el himno de victoria!
Liberada de cruel desventura,
este canto de gracias
a ti te dedico, yo, tu ciudad,
¡Oh Madre de Dios!
Tú, que gozas
de un poder invencible,
líbrame de toda clase de peligros,
para que te aclame:
¡Ave, Virgen y Esposa! 
Cuando en 1453 el imperio bizantino cayó bajo los turcos, no se derrumbó esta confianza, sino que se elevó al orden de la gracia: el patriarca Jorge Scholarios decía a María que ya no la importunarían para que salvase a la ciudad, pero que les conservase siempre en la fe de los padres. El Akáthistos sigue siendo el testimonio seguro de la fe.
Este himno fue traducido y se canta en todas las lenguas del rito bizantino, tanto de la rama ortodoxa como de la católica, antiguas y recientes. También se tradujo al Latín en el año 800, por obra de Cristóbal, obispo de Venecia, ejerciendo así una notable influencia en la himnografía medieval. Hoy es cada vez más conocido y estimado en occidente; son muchas las traducciones a las lenguas modernas, muchas las celebraciones comunitarias y eclesiales en que se utiliza convenientemente. Merece mencionar la solemne conmemoración del 1,550 aniversario del Concilio de Éfeso, que tuvo lugar por expreso deseo del Papa Juan Pablo II en Santa María la Mayor el 7 de junio de 1981, con la presencia de muchos obispos del mundo y representantes de las iglesias ortodoxas y de otras confesiones cristianas; entonces fue cantado el himno por entero por el coro y por la asamblea de los fieles. También, el catecismo de adultos (Señor, ¿a quién iremos?, 1982) en el capítulo dedicado a María recoge dos estrofas junto a la Salve Regina, demostrando así que lo considera como patrimonio común de todas las iglesias.
Autor y tiempo de la composición
La vasta tradición manuscrita transmite casi siempre el Akáthistos como anónimo; los libros litúrgicos lo recogen siempre anónimo. Solamente algún códice, debido quizá a los acontecimientos históricos que recuerda el Sinaxario sobre las noches que el pueblo pasó en vela dando gracias a la Madre de Dios, lo atribuye al patriarca Sergio(s. VII) o al patriarca Germán(s. VIII). Pero un himno tan elaborado no se compuso ciertamente en una noche; más que un momento y un arte, expresa una vida.
Algunos estudiosos han propuesto como autor probable a Román el Melode, príncipe de los himnógrafos del s. VI. Pero Román y ningún otro himnógrafo sagrado alcanza la sublimidad y la profundidad del Akáthistos . Su autor fue ciertamente un gran poeta, un insigne teólogo, un contemplativo consumado, tan grande, que supo traducir en síntesis orante lo que la fe profesa; tan humilde que desapareció su nombre. Dios conoce su nombre, pero el mundo lo ignora. Conviene que así sea; de esa forma el himno es de todos porque es de la Iglesia.
La fecha de composición del Akáthistos , según los estudiosos más recientes, oscila entre la segunda mitad del s. V y los primeros años del s. VI. En efecto, es posterior a una homilía de Basilio de Seleucia(S.V), de quien depende verbalmente una estrofa, y anterior al kontakión de Román de Melode sobre el patriarca José, inspirado en el Akáthistos .
Además, desde el punto de vista litúrgico parece anterior a la institución de la fiesta de la Anunciación, instituida bajo el emperador Justiniano en torno al año 535: efectivamente, el himno no sigue el formulario de la Anunciación, sino el de la única fiesta primitiva de la Madre de Dios, que caía el día después de Navidad o en el ciclo natalicio. Así pues, el Akáthistos expresa una situación cultural arcaica; y también en este aspecto tiene un valor inmenso, ya que nos remite a las primeras expresiones del culto a María.
Valor Ecuménico
El Akáthistos es común a los hermanos ortodoxos y a los católicos de rito bizantino. Es también muy estimado en el occidente aun por algunos no católicos que reconocen su antiguedad; la forma de alabanza que redunda en gloria del Señor; su sustrato cristológico-eclesial; su  doctrina que se deriva del misterio mismo de la encarnación, del primer artículo de fe cristológica que profesa todas las iglesias.
-Resumen del artículo "Akáthistos", Nuevo Diccionario de Mariología, Ediciones Paulinas, Stefano de Fiores y Salvatore Meo, 1988.
Salve, por ti resplandece la dicha;
Salve, por ti se eclipsa la pena.
Salve, levantas a Adán, el caído;
Salve, rescatas el llanto de Eva.

Salve, oh cima encumbrada a la mente del hombre;
Salve, abismo insondable a los ojos del ángel.
Salve, tú eres de veras el trono del Rey;
Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene.

Salve, lucero que el Sol nos anuncia;
Salve, regazo del Dios que se encarna.
Salve, por ti la creación se renueva;
Salve, por ti el Creador nace niño.

Salve, ¡Virgen y Esposa!
Salve, ¡Virgen y Esposa!


Salve, tú guía al eterno consejo;
Salve, tú prenda de arcano misterio.
Salve, milagro primero de Cristo;
Salve, compendio de todos los dogmas.

Salve, celeste escalera que Dios ha bajado;
Salve, oh puente que llevas los hombres al cielo.
Salve, de angélicos coros solemne portento;
Salve, de turba infernal lastimero flagelo.

Salve, inefable, la Luz alumbraste;
Salve, a ninguno dijiste el secreto.
Salve, del docto rebasas la ciencia;
Salve, del fiel iluminas la mente.

Salve, ¡Virgen y Esposa!
Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Salve, oh tallo del verde Retoño;

Salve, oh rama del Fruto incorrupto.
Salve, al pío Arador tú cultivas;
Salve, tú plantas quien planta la vida.
Salve, oh campo fecundo - de gracias copiosas;

Salve, oh mesa repleta - de dones divinos.

Salve, un Prado germinas - de toda delicia;

Salve, al alma preparas - Asilo seguro.

Salve, incienso de grata plegaria;
Salve, ofrenda que el mundo concilia.
Salve, clemencia de Dios para el hombre;
Salve, del hombre con Dios confianza.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, Nutriz del Pastor y Cordero;
Salve, aprisco de fieles rebaños.
Salve, barrera a las fieras hostiles;
Salve, ingreso que da al Paraíso.
Salve, por ti con la tierra - exultan los cielos;

Salve, por ti con los cielos - se alegra la tierra.

Salve, de Apóstoles boca - que nunca enmudece;

Salve, de Mártires fuerza - que nadie somete.

Salve, de fe inconcuso cimiento;
Salve, fulgente estandarte de gracia.
Salve, por ti es despojado el averno;
Salve, por ti revestimos la gloria.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, oh Madre del Sol sin ocaso;
Salve, aurora del místico Día.
Salve, tú apagas hogueras de errores;
Salve, Dios Trino al creyente revelas.
Salve, derribas del trono - al tirano enemigo;

Salve, nos muestras a Cristo - el Señor y el Amigo.

Salve, nos has liberado - de bárbaros ritos;

Salve, nos has redimido - de acciones de barro.

Salve, destruyes el culto del fuego;
Salve, extingues las llamas del vicio.
Salve, camino a la santa templanza;
Salve, alegría de todas las gentes.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, levantas al género humano;
Salve, humillas a todo el infierno.
Salve, conculcas engaños y errores;
Salve, impugnas del ídolo el fraude.
Salve, oh mar que sumerge - al cruel enemigo;

Salve, oh roca que das de beber - a sedientos de Vida.

Salve, columna de fuego - que guía en tinieblas;

Salve, amplísima nube - que cubres el mundo.

Salve, nos diste el Maná verdadero;
Salve, nos sirves Manjar de delicias.
Salve, oh tierra por Dios prometida;
Salve, en ti fluyen la miel y la leche.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, azucena de intacta belleza;
Salve, corona de noble firmeza.
Salve, la suerte futura revelas;
Salve, la angélica vida desvelas.
Salve, frutal exquisito - que nutre a los fieles;

Salve, ramaje frondoso - que a todos cobija.

Salve, llevaste en el seno - quien guía al errante;

Salve, al mundo entregaste - quien libra al esclavo.

Salve, plegaria ante el Juez verdadero;
Salve, perdón del que tuerce el sendero.
Salve, atavío que cubre al desnudo;
Salve, del hombre supremo deseo.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, mansión que contiene el Inmenso;
Salve, dintel del augusto Misterio.
Salve, de incrédulo equívoco anuncio;
Salve, del fiel inequívoco orgullo.
Salve, carroza del Santo - que portan querubes;

Salve, sitial del que adoran - sin fin serafines.

Salve, tú sólo has unido - dos cosas opuestas:

Salve, tú sola a la vez - eres Virgen y Madre.

Salve, por ti fue borrada la culpa;
Salve, por ti Dios abrió el Paraíso.
Salve, tú llave del Reino de Cristo;
Salve, esperanza de bienes eternos.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, sagrario de arcana Sapiencia;
Salve, despensa de la Providencia.
Salve, por ti se confunden los sabios;
Salve, por ti el orador enmudece.
Salve, por ti se aturden - sutiles doctores;

Salve, por ti desfallecen - autores de mitos;

Salve, disuelves enredos - de agudos sofistas;

Salve, rellenas las redes - de los Pescadores.

Salve, levantas de honda ignorancia;
Salve, nos llenas de ciencia superna.
Salve, navío del que ama salvarse;
Salve, oh puerto en el mar de la vida.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, columna de sacra pureza;
Salve, umbral de la vida perfecta.
Salve, tú inicias la nueva progenie;
Salve, dispensas bondades divinas.
Salve, de nuevo engendraste - al nacido en deshonra;

Salve, talento infundiste - al hombre insensato.

Salve, anulaste a Satán - seductor de las almas;

Salve, nos diste al Señor - sembrador de los castos.

Salve, regazo de nupcias divinas;
Salve, unión de los fieles con Cristo.
Salve, de vírgenes Madre y Maestra;
Salve, al Esposo conduces las almas.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, oh rayo del Sol verdadero;
Salve, destello de Luz sin ocaso.
Salve, fulgor que iluminas las mentes;
Salve, cual trueno enemigos aterras.
Salve, surgieron de ti - luminosos misterios;

Salve, brotaron en ti - caudalosos arroyos.

Salve, figura eres tú - de salubre piscina;

Salve, tú limpias las manchas - de nuestros pecados.

Salve, oh fuente que lavas las almas;
Salve, oh copa que vierte alegría.
Salve, fragancia de ungüento de Cristo;
Salve, oh Vida del sacro Banquete.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, oh tienda del Verbo divino;
Salve, más grande que el gran Santuario.
Salve, oh Arca que Espíritu dora;
Salve, tesoro inexhausto de vida.
Salve, diadema preciosa - de reyes devotos;

Salve, orgullo glorioso - de sacros ministros.

Salve, firmísimo alcázar - de toda la Iglesia;

Salve, muralla invencible - de todo el Imperio.

Salve, por ti enarbolamos trofeos;
Salve, por ti sucumbió el adversario.
Salve, remedio eficaz de mi carne;
Salve, inmortal salvación de mi alma.
Salve, ¡Virgen y Esposa!



viernes, 13 de marzo de 2026

Cuarto Domingo de Cuaresma

En este cuarto domingo de Cuaresma, la iglesia bizantina nos invita a conmemorar la figura de San Juan Clímaco.

San Juan fue un monje que vivió en el s. VII en Palestina.  Se distinguió por su vida de oración y ascetismo, alcanzó mucha fama como padre espiritual y, sobre todo, dejó escrito un libro, “La Escalera Santa”, donde describe los peligros, las tentaciones de las diferentes pasiones, y las pruebas e “ilusiones” que debe superar el monje en su camino de unión con Dios.

Sus 30 capítulos son como 30 escalones, a imagen de la escalera que vió Jacob en sueños entre el cielo y la tierra (Gen 28,12), que el monje debe ir subiendo hasta llegar a la “contemplación luminosa”, a su unión con Dios.

San Juan, con su vida y su libro nos recuerda que las primeras palabras que pronunció Cristo, cuando empezó su predicación fueron:Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.” Es esta conversión, este constante volver a poner a Dios como centro de nuestra vida a lo que nos invita San Juan con vida y obra.


Referencias bibliográficas:
https://grecomelquitasenargentina0.webnode.page.
http://www.iglesiaortodoxa.es/gloria

viernes, 6 de marzo de 2026

Tercer domingo de Cuaresma: Adoración de la preciosa y vivificante Cruz

En la tradición bizantina, el tercer domingo del gran ayuno de Cuaresma está dedicado a la veneración de la Cruz del Señor. Esta no es la única fecha del año litúrgico en el que se conmemora la Cruz ya que, como en la iglesia romana, es el 14 de septiembre cuando se celebra su exaltación universal. En nuestro calendario también hay otras dos fechas: el 7 de mayo, para conmemorar la aparición de la cruz sobre la ciudad de Jerusalén en 351, y el 1 de agosto, cuando la reliquia de la Santa Cruz fue llevada en procesión por las calles de Constantinopla para proteger a la población de enfermedades; además, no deja de ser venerado los miércoles y viernes de cada semana.


A mitad del camino cuaresmal se nos invita a levantar la mirada hacia la Cruz: esa Cruz que de instrumento de infamia y muerte se ha convertido en símbolo de la fe de los cristianos; esa Cruz que el Señor transformó de madera tosca en llave que abre las puertas del Paraíso, en palanca que desquicia las puertas del infierno, como apoyo para levantar al Adán caído; esa Cruz, que como un árbol fue plantada en esta tierra para que bajo su sombra haya descanso del sufrimiento; esa Cruz que nos recuerda la Pasión del Señor, y que nos presenta su ejemplo, nos anima a seguirlo en la lucha y el sacrificio; esa Cruz que nos recuerda que toda la Cuaresma es un período en el que estamos crucificados con Cristo, y que el camino de la Vida pasa por el sufrimiento, que el Señor mismo conoció, por la infamia que el Señor experimentó en él, por la desnudez, que el Señor no pudo ocultar en él.

Sí, esa Cruz que llevó el Señor, que hoy veneramos y glorificamos junto con su santa resurrección.

Adoramos tu Cruz oh Soberano!!! y glorifiquemos tu santa resurrección.!!!