sábado, 16 de mayo de 2015

Canonización de beatas de Tierra Santa también alegrará a Palestina.

Beatas palestinas María de Jesús Crucificado y María Alfonsina Danil Ghattas / Foto: Patriarcado Latino


ROMA, 04 Mar. 15 / 02:16 am (ACI/EWTN Noticias).- El Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, espera que la canonización el próximo 17 de mayo de dos beatas de Tierra Santa, María Bwardy de Jesús Crucificado y María Alfonsina Ghattas, den alegría al pueblo palestino.
María Bwardy de Jesús Crucificado, de la Orden de las Carmelitas descalzas y María Alfonsina Ghattas, fundadora de la Congregación de las Hermanas del Rosario de Jerusalén, vivieron en la segunda mitad del siglo XIX y fueron ejemplos de santidad durante toda su vida, parte de la cual transcurrieron en Palestina.
El anuncio de su canonización llegó el pasado 14 de febrero, durante el Consistorio Ordinario Público en el Vaticano, donde el Papa Francisco dijo que las dos religiosas serán canonizadas en una ceremonia conjunta junto a Sor Giovanna Emilia de Villeneuve, una religiosa francesa fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres.
Al ser preguntado por ACI Prensa en Roma sobre estas Beatas, el Cardenal Amato dijo que “la santidad no se acaba nunca. La santidad anima, especialmente a un pueblo como el palestino, que tiene necesidad de estos ejemplos positivos que hacen mucho bien”.
La autoridad vaticana hizo estas declaraciones al finalizar un encuentro organizado el pasado 27 de febrero por la Librería Editora Vaticana en Roma para hablar sobre el tema “¿Para qué sirven los santos?”.
Sor María Bwardy de Jesús Crucificado
María de Jesús nació en el pueblo galileo de Ibillin. La religiosa carmelita fue fundadora del Carmelo de Belén, en Palestina, donde todavía es posible visitar su habitación.
En su vida recibió la gracia de los estigmas, y fue considerada una figura mística por experimentar numerosos sueños en los que entró en relación con Jesús.
En su beatificación en 1983, San Juan Pablo II dijo de ella que reflejó los diferentes rostros de la Iglesia greco-católica en la que fue bautizada y creció, y la Iglesia Latina (de Roma), donde se preparó para la vida carmelitana.
Además se unió a las comunidades cristianas en el Líbano, Egipto, Francia y la India, y fue una de las pocas santas que recibieron gracias de alto valor, enriquecidas con abundantes estigmas, éxtasis, conocimiento de los corazones, profecías, posesión angelical y, lo más inesperado para una joven analfabeta, el don de la poesía.
Hermana María Alfonsina Ghattas
Por su parte, la hermana M. Alfonsina nació en Ein Karem, Jerusalén, y fue co-fundadora de la Congregación de las Hermanas Dominicas del Santísimo Rosario de Jerusalén, dedicadas a ayudar a las personas de edad avanzada, niños, familias pobres, así como a luchar contra la pobreza moral, dando a cada individuo, a través de la cultura y la educación, los medios para desarrollar la fe y la dignidad.
En su beatificación en 2009, el Patriarca de Jerusalén dijo que “la Madre Ghattas nació en una familia muy piadosa en Jerusalén, donde trabajaban y oraban en familia”.
La religiosa sintió que el Señor la llamó a abrazar la vida religiosa y se unió a la Congregación de las Hermanas de San José de la Aparición. Después de la primera profesión, la madre superiora le confió la misión de la enseñanza del Catecismo en la escuela de las Hermanas de Belén.
Sor María Alfonsina era un catequista incomparable, una humilde educadora, y una apóstol incansable. Tuvo la gracia de vivir visiones repetidas de Nuestra Señora, quién la instó a establecer para las niñas de su país una congregación que llevaría el nombre de Hermanas del Rosario.
Desde su propia familia, vivió una piedad profunda, una fuerte fe en la Providencia y una completa confianza en la Virgen María. Aunque sobresalió en dos virtudes especiales: por un lado el amor por el silencio y la vida retirada, y por el otro el amor a la cruz y el sacrificio por el otro.
Fuente: http://amigosdeirak.verboencarnado.net/2015/03/05/canonizacion-de-beatas-de-tierra-santa-tambien-alegrara-palestina-dice-cardenal/
Publicado Revista Allah Mahabba N° 45 .Marzo 2015

sábado, 25 de abril de 2015

Martirio y persecución en nuestros días

“Estos son los que vienen de la gran tribulación...
y Dios secará toda lágrima de sus ojos” (Ap. 7, 14.17b)
El mundo asiste con horror a un incremento de formas de violencia que, desde distintos fundamentalismos religiosos,  disfrazan intereses políticos y económicos, y afecta a muchas comunidades y grupos humanos de diversos credos, particularmente a cristianos en Medio Oriente, en el norte y centro de África y en otros lugares del mundo.
En este contexto de conflictos extendidos y persistentes, queremos llamar la atención sobre un aspecto de especial preocupación: la creciente e inadmisible violación del derecho a la libertad religiosa. La misma ha sido proclamada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y garantizada por diversas convenciones internacionales tanto universales como regionales, obligando a los Estados a asegurarla para todas las personas, enseñada con tanta claridad en el Concilio Vaticano II.
Hay manifestaciones violentas que producen especial estupor y reclaman una fuerte condena. Nos referimos a lo que ocurre en zonas de Siria e Irak donde los cristianos -ciudadanos de esos países y presentes en esas tierras desde hace más de dos mil años- están siendo asesinados u obligados a dejar sus casas y ciudades sin poder llevar consigo más que la ropa que tienen puesta, además de la destrucción de templos y monumentos culturales que son patrimonio de la humanidad. También señalamos lo que acontece en Nigeria, Sudán y Pakistán, donde es corriente el secuestro –especialmente de mujeres y niñas- y las conversiones forzadas bajo pena de muerte. Sabemos, no obstante,  que la gran mayoría de los musulmanes no se reconoce en estas atrocidades y las rechaza.

Actualmente son los cristianos quienes sufren las mayores persecuciones. Como ha dicho el Papa Francisco, hay muchos más mártires hoy que en los primeros siglos. Ese martirio no distingue entre católicos, ortodoxos o evangélicos, hermanados en un “ecumenismo de la sangre”. Nos estremece la crueldad con la cual hermanos en el bautismo son decapitados, quemados o crucificados por el solo hecho de ser cristianos.
Junto a la consternación que nos provocan estos hechos de crueldad sentimos admiración por el testimonio y la coherencia de muchos hermanos que están entregando  su vida para guardar la integridad de su fe religiosa.

Afirmamos con fuerza que nunca la religión o el nombre de Dios pueden ser invocados para justificar la violencia, la muerte, la destrucción y la falta de respeto a los derechos humanos más elementales que nacen de la dignidad de toda persona. Llama la atención la débil repercusión de esta barbarie en la prensa internacional. 

Urge una acción internacional eficaz que ponga fin a tanto sufrimiento provocados por estos actos de brutalidad. Apelamos al deber y a la fuerza institucional de la ONU, la Unión Europea, las organizaciones de Derechos Humanos y los diversos credos a asumir la propia responsabilidad ante estos graves acontecimientos.

Invitamos a todos los creyentes -católicos y no católicos- a orar intensamente pidiendo al Señor de la historia perdón por tanto sufrimiento y sangre derramada, y que mueva los corazones de quienes causan dolor y ofenden gravemente al Creador a cesar en ese camino. Comprometemos a nuestras comunidades de modo particular a rezar por esta intención el próximo 8 de mayo, Solemnidad de Nuestra Señora de Luján.

Como Obispos de la Conferencia Episcopal Argentina, expresamos nuestra solidaridad y cercanía con nuestros hermanos sufrientes y perseguidos, y pedimos a Jesús Buen Pastor les conceda el consuelo y la Paz.


Los Obispos Argentinos
109° Asamblea Plenaria
25 de abril de 2015
Fuente digital: http://episcopado.org/portal/actualidad-cea/oficina-de-prensa/item/962-martirio-y-persecuci%C3%B3n-en-nuestros-d%C3%ADas.html