viernes, 20 de marzo de 2026

"AKATHISTOS" HIMNO EN HONOR A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

"AKATHISTOS"
Himno en honor a la Santísima Virgen María
siglo VII O VIII
Cuando el enemigo oye el akathistos huye furioso


"El himno oriental "Akáthistos" repite con insistencia este "alégrate"
(del ángel a María)"
-Juan Pablo II.
Explicación
El Akáthistos (a veces pasa al español como "acátisto") es un gran himno de la liturgia oriental griega que medita sobre el misterio de la Maternidad Divina.
Etimología: (a =negativo, y kathistomai=sentarse). Akáthistos quiere decir "no sentado". Se le llama así porque, a diferencia de otros himnos en la liturgia bizantina, se canta y escucha de pie como el Evangelio en señal de especial reverencia.  La Iglesia oriental lo considera como expresión de su doctrina y piedad hacia la Madre de Dios.
Importancia
En el rito bizantino ocupa un lugar privilegiado y goza de su propia fiesta: el quinto sábado de cuaresma, llamado precisamente por eso sábado de Akáthistos
Es un himno de acción de gracias. La ciudad de Constantinopla, consagrada a María, cuando se veía asediada por los bárbaros recurría a su protección; y le daba gracias con vigilias y cánticos en su honor. Según el relato del Sinaxario, el Akáthistos habría tomado su nombre de las celebraciones nocturnas de agradecimiento a María: "Celebramos esta fiesta en recuerdo de las prodigiosas intervenciones de la Inmaculada Madre de Dios. 
Como recuerdo de estas liberaciones de Constantinopla, que todos atribuían a la Virgen, quedó la solemne introducción al Akáthistos  (probablemente del S.VIII):
¡A la invicta estratega
el himno de victoria!
Liberada de cruel desventura,
este canto de gracias
a ti te dedico, yo, tu ciudad,
¡Oh Madre de Dios!
Tú, que gozas
de un poder invencible,
líbrame de toda clase de peligros,
para que te aclame:
¡Ave, Virgen y Esposa! 
Cuando en 1453 el imperio bizantino cayó bajo los turcos, no se derrumbó esta confianza, sino que se elevó al orden de la gracia: el patriarca Jorge Scholarios decía a María que ya no la importunarían para que salvase a la ciudad, pero que les conservase siempre en la fe de los padres. El Akáthistos sigue siendo el testimonio seguro de la fe.
Este himno fue traducido y se canta en todas las lenguas del rito bizantino, tanto de la rama ortodoxa como de la católica, antiguas y recientes. También se tradujo al Latín en el año 800, por obra de Cristóbal, obispo de Venecia, ejerciendo así una notable influencia en la himnografía medieval. Hoy es cada vez más conocido y estimado en occidente; son muchas las traducciones a las lenguas modernas, muchas las celebraciones comunitarias y eclesiales en que se utiliza convenientemente. Merece mencionar la solemne conmemoración del 1,550 aniversario del Concilio de Éfeso, que tuvo lugar por expreso deseo del Papa Juan Pablo II en Santa María la Mayor el 7 de junio de 1981, con la presencia de muchos obispos del mundo y representantes de las iglesias ortodoxas y de otras confesiones cristianas; entonces fue cantado el himno por entero por el coro y por la asamblea de los fieles. También, el catecismo de adultos (Señor, ¿a quién iremos?, 1982) en el capítulo dedicado a María recoge dos estrofas junto a la Salve Regina, demostrando así que lo considera como patrimonio común de todas las iglesias.
Autor y tiempo de la composición
La vasta tradición manuscrita transmite casi siempre el Akáthistos como anónimo; los libros litúrgicos lo recogen siempre anónimo. Solamente algún códice, debido quizá a los acontecimientos históricos que recuerda el Sinaxario sobre las noches que el pueblo pasó en vela dando gracias a la Madre de Dios, lo atribuye al patriarca Sergio(s. VII) o al patriarca Germán(s. VIII). Pero un himno tan elaborado no se compuso ciertamente en una noche; más que un momento y un arte, expresa una vida.
Algunos estudiosos han propuesto como autor probable a Román el Melode, príncipe de los himnógrafos del s. VI. Pero Román y ningún otro himnógrafo sagrado alcanza la sublimidad y la profundidad del Akáthistos . Su autor fue ciertamente un gran poeta, un insigne teólogo, un contemplativo consumado, tan grande, que supo traducir en síntesis orante lo que la fe profesa; tan humilde que desapareció su nombre. Dios conoce su nombre, pero el mundo lo ignora. Conviene que así sea; de esa forma el himno es de todos porque es de la Iglesia.
La fecha de composición del Akáthistos , según los estudiosos más recientes, oscila entre la segunda mitad del s. V y los primeros años del s. VI. En efecto, es posterior a una homilía de Basilio de Seleucia(S.V), de quien depende verbalmente una estrofa, y anterior al kontakión de Román de Melode sobre el patriarca José, inspirado en el Akáthistos .
Además, desde el punto de vista litúrgico parece anterior a la institución de la fiesta de la Anunciación, instituida bajo el emperador Justiniano en torno al año 535: efectivamente, el himno no sigue el formulario de la Anunciación, sino el de la única fiesta primitiva de la Madre de Dios, que caía el día después de Navidad o en el ciclo natalicio. Así pues, el Akáthistos expresa una situación cultural arcaica; y también en este aspecto tiene un valor inmenso, ya que nos remite a las primeras expresiones del culto a María.
Valor Ecuménico
El Akáthistos es común a los hermanos ortodoxos y a los católicos de rito bizantino. Es también muy estimado en el occidente aun por algunos no católicos que reconocen su antiguedad; la forma de alabanza que redunda en gloria del Señor; su sustrato cristológico-eclesial; su  doctrina que se deriva del misterio mismo de la encarnación, del primer artículo de fe cristológica que profesa todas las iglesias.
-Resumen del artículo "Akáthistos", Nuevo Diccionario de Mariología, Ediciones Paulinas, Stefano de Fiores y Salvatore Meo, 1988.
Salve, por ti resplandece la dicha;
Salve, por ti se eclipsa la pena.
Salve, levantas a Adán, el caído;
Salve, rescatas el llanto de Eva.

Salve, oh cima encumbrada a la mente del hombre;
Salve, abismo insondable a los ojos del ángel.
Salve, tú eres de veras el trono del Rey;
Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene.

Salve, lucero que el Sol nos anuncia;
Salve, regazo del Dios que se encarna.
Salve, por ti la creación se renueva;
Salve, por ti el Creador nace niño.

Salve, ¡Virgen y Esposa!
Salve, ¡Virgen y Esposa!


Salve, tú guía al eterno consejo;
Salve, tú prenda de arcano misterio.
Salve, milagro primero de Cristo;
Salve, compendio de todos los dogmas.

Salve, celeste escalera que Dios ha bajado;
Salve, oh puente que llevas los hombres al cielo.
Salve, de angélicos coros solemne portento;
Salve, de turba infernal lastimero flagelo.

Salve, inefable, la Luz alumbraste;
Salve, a ninguno dijiste el secreto.
Salve, del docto rebasas la ciencia;
Salve, del fiel iluminas la mente.

Salve, ¡Virgen y Esposa!
Salve, ¡Virgen y Esposa!

 Salve, oh tallo del verde Retoño;

Salve, oh rama del Fruto incorrupto.
Salve, al pío Arador tú cultivas;
Salve, tú plantas quien planta la vida.
Salve, oh campo fecundo - de gracias copiosas;

Salve, oh mesa repleta - de dones divinos.

Salve, un Prado germinas - de toda delicia;

Salve, al alma preparas - Asilo seguro.

Salve, incienso de grata plegaria;
Salve, ofrenda que el mundo concilia.
Salve, clemencia de Dios para el hombre;
Salve, del hombre con Dios confianza.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, Nutriz del Pastor y Cordero;
Salve, aprisco de fieles rebaños.
Salve, barrera a las fieras hostiles;
Salve, ingreso que da al Paraíso.
Salve, por ti con la tierra - exultan los cielos;

Salve, por ti con los cielos - se alegra la tierra.

Salve, de Apóstoles boca - que nunca enmudece;

Salve, de Mártires fuerza - que nadie somete.

Salve, de fe inconcuso cimiento;
Salve, fulgente estandarte de gracia.
Salve, por ti es despojado el averno;
Salve, por ti revestimos la gloria.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, oh Madre del Sol sin ocaso;
Salve, aurora del místico Día.
Salve, tú apagas hogueras de errores;
Salve, Dios Trino al creyente revelas.
Salve, derribas del trono - al tirano enemigo;

Salve, nos muestras a Cristo - el Señor y el Amigo.

Salve, nos has liberado - de bárbaros ritos;

Salve, nos has redimido - de acciones de barro.

Salve, destruyes el culto del fuego;
Salve, extingues las llamas del vicio.
Salve, camino a la santa templanza;
Salve, alegría de todas las gentes.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, levantas al género humano;
Salve, humillas a todo el infierno.
Salve, conculcas engaños y errores;
Salve, impugnas del ídolo el fraude.
Salve, oh mar que sumerge - al cruel enemigo;

Salve, oh roca que das de beber - a sedientos de Vida.

Salve, columna de fuego - que guía en tinieblas;

Salve, amplísima nube - que cubres el mundo.

Salve, nos diste el Maná verdadero;
Salve, nos sirves Manjar de delicias.
Salve, oh tierra por Dios prometida;
Salve, en ti fluyen la miel y la leche.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, azucena de intacta belleza;
Salve, corona de noble firmeza.
Salve, la suerte futura revelas;
Salve, la angélica vida desvelas.
Salve, frutal exquisito - que nutre a los fieles;

Salve, ramaje frondoso - que a todos cobija.

Salve, llevaste en el seno - quien guía al errante;

Salve, al mundo entregaste - quien libra al esclavo.

Salve, plegaria ante el Juez verdadero;
Salve, perdón del que tuerce el sendero.
Salve, atavío que cubre al desnudo;
Salve, del hombre supremo deseo.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, mansión que contiene el Inmenso;
Salve, dintel del augusto Misterio.
Salve, de incrédulo equívoco anuncio;
Salve, del fiel inequívoco orgullo.
Salve, carroza del Santo - que portan querubes;

Salve, sitial del que adoran - sin fin serafines.

Salve, tú sólo has unido - dos cosas opuestas:

Salve, tú sola a la vez - eres Virgen y Madre.

Salve, por ti fue borrada la culpa;
Salve, por ti Dios abrió el Paraíso.
Salve, tú llave del Reino de Cristo;
Salve, esperanza de bienes eternos.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, sagrario de arcana Sapiencia;
Salve, despensa de la Providencia.
Salve, por ti se confunden los sabios;
Salve, por ti el orador enmudece.
Salve, por ti se aturden - sutiles doctores;

Salve, por ti desfallecen - autores de mitos;

Salve, disuelves enredos - de agudos sofistas;

Salve, rellenas las redes - de los Pescadores.

Salve, levantas de honda ignorancia;
Salve, nos llenas de ciencia superna.
Salve, navío del que ama salvarse;
Salve, oh puerto en el mar de la vida.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, columna de sacra pureza;
Salve, umbral de la vida perfecta.
Salve, tú inicias la nueva progenie;
Salve, dispensas bondades divinas.
Salve, de nuevo engendraste - al nacido en deshonra;

Salve, talento infundiste - al hombre insensato.

Salve, anulaste a Satán - seductor de las almas;

Salve, nos diste al Señor - sembrador de los castos.

Salve, regazo de nupcias divinas;
Salve, unión de los fieles con Cristo.
Salve, de vírgenes Madre y Maestra;
Salve, al Esposo conduces las almas.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, oh rayo del Sol verdadero;
Salve, destello de Luz sin ocaso.
Salve, fulgor que iluminas las mentes;
Salve, cual trueno enemigos aterras.
Salve, surgieron de ti - luminosos misterios;

Salve, brotaron en ti - caudalosos arroyos.

Salve, figura eres tú - de salubre piscina;

Salve, tú limpias las manchas - de nuestros pecados.

Salve, oh fuente que lavas las almas;
Salve, oh copa que vierte alegría.
Salve, fragancia de ungüento de Cristo;
Salve, oh Vida del sacro Banquete.
Salve, ¡Virgen y Esposa!
 

Salve, oh tienda del Verbo divino;
Salve, más grande que el gran Santuario.
Salve, oh Arca que Espíritu dora;
Salve, tesoro inexhausto de vida.
Salve, diadema preciosa - de reyes devotos;

Salve, orgullo glorioso - de sacros ministros.

Salve, firmísimo alcázar - de toda la Iglesia;

Salve, muralla invencible - de todo el Imperio.

Salve, por ti enarbolamos trofeos;
Salve, por ti sucumbió el adversario.
Salve, remedio eficaz de mi carne;
Salve, inmortal salvación de mi alma.
Salve, ¡Virgen y Esposa!



viernes, 13 de marzo de 2026

Cuarto Domingo de Cuaresma

En este cuarto domingo de Cuaresma, la iglesia bizantina nos invita a conmemorar la figura de San Juan Clímaco.

San Juan fue un monje que vivió en el s. VII en Palestina.  Se distinguió por su vida de oración y ascetismo, alcanzó mucha fama como padre espiritual y, sobre todo, dejó escrito un libro, “La Escalera Santa”, donde describe los peligros, las tentaciones de las diferentes pasiones, y las pruebas e “ilusiones” que debe superar el monje en su camino de unión con Dios.

Sus 30 capítulos son como 30 escalones, a imagen de la escalera que vió Jacob en sueños entre el cielo y la tierra (Gen 28,12), que el monje debe ir subiendo hasta llegar a la “contemplación luminosa”, a su unión con Dios.

San Juan, con su vida y su libro nos recuerda que las primeras palabras que pronunció Cristo, cuando empezó su predicación fueron:Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.” Es esta conversión, este constante volver a poner a Dios como centro de nuestra vida a lo que nos invita San Juan con vida y obra.


Referencias bibliográficas:
https://grecomelquitasenargentina0.webnode.page.
http://www.iglesiaortodoxa.es/gloria

viernes, 6 de marzo de 2026

Tercer domingo de Cuaresma: Adoración de la preciosa y vivificante Cruz

En la tradición bizantina, el tercer domingo del gran ayuno de Cuaresma está dedicado a la veneración de la Cruz del Señor. Esta no es la única fecha del año litúrgico en el que se conmemora la Cruz ya que, como en la iglesia romana, es el 14 de septiembre cuando se celebra su exaltación universal. En nuestro calendario también hay otras dos fechas: el 7 de mayo, para conmemorar la aparición de la cruz sobre la ciudad de Jerusalén en 351, y el 1 de agosto, cuando la reliquia de la Santa Cruz fue llevada en procesión por las calles de Constantinopla para proteger a la población de enfermedades; además, no deja de ser venerado los miércoles y viernes de cada semana.


A mitad del camino cuaresmal se nos invita a levantar la mirada hacia la Cruz: esa Cruz que de instrumento de infamia y muerte se ha convertido en símbolo de la fe de los cristianos; esa Cruz que el Señor transformó de madera tosca en llave que abre las puertas del Paraíso, en palanca que desquicia las puertas del infierno, como apoyo para levantar al Adán caído; esa Cruz, que como un árbol fue plantada en esta tierra para que bajo su sombra haya descanso del sufrimiento; esa Cruz que nos recuerda la Pasión del Señor, y que nos presenta su ejemplo, nos anima a seguirlo en la lucha y el sacrificio; esa Cruz que nos recuerda que toda la Cuaresma es un período en el que estamos crucificados con Cristo, y que el camino de la Vida pasa por el sufrimiento, que el Señor mismo conoció, por la infamia que el Señor experimentó en él, por la desnudez, que el Señor no pudo ocultar en él.

Sí, esa Cruz que llevó el Señor, que hoy veneramos y glorificamos junto con su santa resurrección.

Adoramos tu Cruz oh Soberano!!! y glorifiquemos tu santa resurrección.!!!

 

viernes, 20 de febrero de 2026

Primer Domingo de la Gran Cuaresma

 Domingo del Triunfo de la Ortodoxia (Origen del conflicto iconoclasta y su  solución).

En este primer domingo de la Gran Cuaresma de ayuno en las iglesias de tradición bizantina, se conmemora el restablecimiento del culto a los iconos. 

En Oriente, durante más de cien años, a partir del reinado de León Isáurico (717-741) y hasta el reinado de Teófilo (829-842), la Iglesia se asombró ante la persecución de los iconódulos, defensores del culto a las imágenes, desde parte de los iconoclastas, que querían destruir las imágenes sagradas.

El origen del pensamiento iconoclasta se remonta a la prohibición de producir imágenes de Dios, como se expresa en las escrituras del Antiguo Testamento (ver: Éxodo 20.4-5 y Deuteronomio 4.15-19 ), muchos debido a la veneración exagerada de las imágenes, que en muchos casos se consideraron verdaderos ídolos.

Luego de sucesos alternados y dolorosos, donde partidarios y opositores del culto a las imágenes tenían el poder político en sus manos, en 787 se llegó a las definiciones del Segundo Concilio de Nicea, donde se estableció el principio de que, con la encarnación de la Palabra de Dios, Dios se ha hecho visible, experimentable y, por tanto, representable: con la Encarnación del Verbo se ha superado la prohibición de hacer imágenes de Dios.

Las primeras manifestaciones de la iconografía cristiana tuvieron una función didáctica; pero, al entrar a formar parte del culto ritual, las imágenes se convierten en expresión estética de la fe que profesa y vive la Iglesia universal. La crisis iconoclasta en el oriente cristiano, suscitó un profundo debate teológico acerca de la legitimidad, la función y el significado de las imágenes. Estas luchas ahondaron la reflexión sobre las posibilidades de la imagen para expresar, en su forma perecedera, categorías tan diversos como la naturaleza y la gracia, lo humano y lo divino, la inmanencia y la trascendencia. Las discrepancias degeneraron en una contienda entre los partidarios y los detractores de las manifestaciones iconográficas.

Pero una solución completa y definitiva de la cuestión iconoclasta llegó con la muerte del emperador iconoclasta Teófilo, cuando su viuda Teodora, después de haber depuesto al patriarca Giovanni Grammatico, convocó, junto con su hijo Miguel y el nuevo patriarca Metodio, para el 11. Marzo de 843 un sínodo en Constantinopla, donde se restableció definitivamente el culto a las imágenes sagradas. 

La reina, después de haber venerado el Icono de la Madre de Dios, ante la asamblea sinodal enunció estas palabras: Si alguien no ofrece respeto al culto de los iconos sagrados, no adorándolos como si fueran dioses, sino venerándolos con amor como del arquetipo, que sea anatema”. Posteriormente, el primer domingo de ayuno, ella y su hijo Miguel hicieron una procesión con todo el clero y la corte imperial, portando los íconos restaurados, que fueron nuevamente colocados en las iglesias para ser venerados.

Desde entonces las iglesias de tradición bizantina en el primer domingo de Cuaresma lleva los iconos en procesión y proclaman el Synodicon , que es una reelaboración de los actos del segundo Concilio de Nicea. 

Este domingo se llama ortodoxia por el triunfo de la verdadera doctrina sobre la herejía iconoclasta que, al destruir las imágenes, niega la encarnación de la Palabra de Dios.

Entre los defensores destaca el teólogo S. Juan Damasceno que organizó una serie de argumentos tomados de la tradición patrística para construir una teoría acerca de la significación teológica las imágenes. En sus tres discursos De imaginibus refuta los argumentos tanto de los judíos como de los iconoclastas cristianos: «Pues si el Hijo de Dios, tomando la condición de siervo, se revistió de la figura humana y, hecho semejante a los hombres, apareció en su porte como hombre, ¿por qué no vamos a poder representar su imagen?» (De imagínibus I).

Primer Domingo de Cuaresma.

Iconografía y triunfo de la ortodoxia 

 

sábado, 14 de febrero de 2026

Cuarto Domingo de la Pre Cuaresma: El Ayuno


"Vistámonos con las armas de la luz"

Se ayuna en secreto, cuando se vive una vida piadosa en verdad, delante de Dios sin importar lo que piensen las demás personas, y Dios nos prometió que el Padre que ve en secreto, nos lo recompensará.
Alardear de fe, alardear de ayuno, de limosna o de oración es la manera más directa de desvirtuar el verdadero sentido de las prácticas piadosas. Este tiempo de pre-cuaresma en la liturgia bizantina es una excelente ocasión para revisar si la vivencia cuaresmal que se avecina quedará en "mostrar un modo" o profundizará en lo más íntimo de nuestra existencia, allí en lo secreto donde sólo lo ve Dios Padre.

El Señor no manda ayunar todos los sábados o domingos, ni una ni dos veces a la semana, ni una al año; pero cuando llevemos adelante esas prácticas, deberíamos buscar agradar a Dios y disfrutar de la comunión con él, antes que pretender un resultado mágico por practicar el ayuno, o por simplemente exhibirnos como muy piadosos, pues lo que realmente valioso es alabar la gloria de Dios, orando para agradar Al que nos perdonó, nos salvó, y nos dio la gracia de ser sus hijos muy amados.

El mismo Señor Jesucristo ayunó 40 días, no para que nosotros hiciéramos lo mismo, sino como nuestro representante, quien no fracasó en el desierto como el pueblo de Israel, sino como el que conquistó la victoria para el pueblo de Dios, sometiéndose por completo a la perfecta voluntad divina, resistiendo la tentación, y abandonándose por completo al cuidado y dirección del Padre celestial para escoger sus apóstoles y ejecutar la labor encomendada, Mt. 3:13-4:16.
Los apóstoles en ocasiones ayunaron pidiendo la dirección de Dios para confirmar la selección de ancianos y la labor misionera Hch.13:2-3, 14:23.
 
Bien podríamos cada creyente de hoy ayunar en momentos especiales de su vida, meditando en la Palabra de Dios, orando al Señor y buscando así su dirección, aclarando su mente en cuanto a la voluntad revelada de Dios.
También el apóstol Pablo en su carta a los romanos aconseja: “Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos con las armas de la luz.  Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo…”.


https://notasdelevangelio.wordpress.com/2019/03/10/mateo-616-18-vida-piadosa-y-el-ayuno/


viernes, 6 de febrero de 2026

Tercer Domingo de la Pre Cuaresma: El juicio Final

Está homilia pertenece a San Gregorio Nacianceno, también conocido como  Gregorio el Teólogo. Fue un arzobispo cristiano de Constantinopla en el siglo IV.​ Está ampliamente considerado como el más completo estilita retórico de la patrística.



Sermón: ¿Hay peor pecado que no tener caridad?
«Conmigo lo hicisteis» (Mt 25,45)
sobre el amor a los pobres 27, 28, 39-40: PG 35, 891ss

¿Te imaginas que la caridad no es obligatoria sino libre, que no fuera una ley sino simplemente un consejo? También lo quisiera yo y lo pensaría con gusto. Pero la mano izquierda de Dios me espanta, allí donde ha colocado los cabritos para dirigirles sus reproches, no porque hayan robado, extorsionado, cometido adulterio o perpetrado otros delitos de este orden, sino porque no han honrado a Cristo en la persona de sus pobres.

Si me queréis creer, vosotros, siervos de Cristo, hermanos suyos y coherederos con él, mientras no sea tarde, ¡visitemos a Cristo, sirvamos a Cristo, alimentemos a Cristo, honremos a Cristo, no tanto ofreciéndole una comida como hacen algunos, o el perfume como María Magdalena, o una sepultura como José de Arimatea, o Nicodemo, u oro, incienso y mirra, como los Magos.

«Misericordia quiero y no sacrificios.» (Mt 9,13) Esto es lo que quiere el Señor del universo, la compasión antes que miles de corderos cebados. 

Presentémosle la misericordia por manos de los abatidos por la miseria, y el día de nuestra muerte nos «recibirán en las moradas eternas» (Lc 16,9), en Cristo mismo, Nuestro Señor, a quien sea dada la gloria por los siglos de los siglos.

https://www.deiverbum.org/mt-25_31-46/#Gregorio_Nacianceno

viernes, 30 de enero de 2026

Segundo Domingo de la Pre cuaresma: La parábola del Hijo Pródigo

En este segundo domingo de la precuaresma, leeremos la homilia de Macario de Egipto, considerado uno de los Santos Padres del Desierto.


Homilía: Dame, de nuevo, lo que he perdido
«Un hombre tenía dos hijos» (Lc 15,11)
Acerquémonos al Señor, la puerta espiritual y llamemos para que nos abra! Pidamos recibirle a él mismo, el pan de vida (cf Jn 6,34). Digámosle: «Dame, Señor, el pan de la vida para que viva, porque estoy en peligro, amenazado por el hambre del pecado. 

Dame el vestido luminoso de la salvación para que cubra la vergüenza de mi alma, porque estoy desnudo, privado del poder de tu Espíritu y avergonzado por la indecencia de mis pasiones» (cf Gn 3,10).

Y si él te dice: «Tenías un vestido ¿dónde lo tienes?» respóndele: «He caído en manos de bandoleros, me han despojado y molido a palos y dejado medio muerto, me han quitado mi vestido y se lo han llevado.

Dame sandalias espirituales, porque los pies de mi espíritu están llagados por las espinas y los zarzales (cf Gn 3,18); voy errante por el desierto y no puedo avanzar. 

Dame la vista del corazón para que vea de nuevo; abre los ojos de mi corazón porque mis enemigos invisibles me han dejado ciego y me echan encima un velo de tinieblas; ya no puedo contemplar tu rostro celestial tan deseado. 

Dame el oído espiritual porque mi inteligencia está sorda y no ya no puedo escuchar tus conversaciones tan suaves y agradables. 

Dame el óleo de la alegría (Sal 44,8) y el vino del gozo espiritual. 

Sáname y devuélveme la salud porque mis enemigos, bandoleros temidos, me han dejado medio muerto.»

Dichoso aquel que suplica con perseverancia y fe, como indigente y herido, porque recibirá lo que pide; obtendrá la salud y el remedio eternos y será liberado de sus enemigos que son las pasiones del pecado.

https://www.deiverbum.org/lc-15_01-03-y-11-32/#Macario_de_Egipto

viernes, 23 de enero de 2026

Primer Domingo de la Pre Cuaresma: La parábola de Fariseo y del Publicano

Compartimos la homilía de San Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla y autor de la Divina Liturgia Bizantina.

Homilía: Sé humilde y te habrás librado de los lazos del pecado
«¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador» (Lc 18,13)

He enumerado diversos canales de penitencia, para hacerte fácil, mediante la diversidad de vías, el acceso a la salvación. Y ¿cuál es entonces este tercer canal? La humildad: sé humilde y te habrás librado de los lazos del pecado. También aquí la Escritura nos ofrece una demostración en la parábola del fariseo y el publicano. Subieron —dice— al templo a orar un fariseo y un publicano. El fariseo se puso a hacer el inventario de sus virtudes: Yo —dice— no soy pecador como todo el mundo, ni como ese publicano. ¡Miserable y desdichada alma!, has condenado a todo el mundo, ¿por qué te metes también con tu prójimo? ¿No te bastaba con condenar a todo el mundo, que tienes que condenar también al publicano?

¿Y qué hacía el publicano? Adoró con la cabeza profundamente inclinada, y dijo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. Y al mostrarse humilde, quedó justificado. Así pues, al bajar del templo el fariseo había perdido la justicia, el publicano la había recuperado: las palabras vencieron a las obras. Efectivamente, el fariseo, a pesar de las obras, perdió la justicia; el publicano, en cambio, se granjeó la justicia por la humildad de sus palabras. Bien es verdad que la suya no era propiamente humildad: la humildad, en efecto, se da cuando uno que es grande se humilla a sí mismo. La actitud del publicano no fue humildad, sino verdad: sus palabras eran verdaderas, pues él era pecador.

Porque, ¿hay cosa peor que un publicano? Buscaba sacar partido de las desgracias del prójimo, aprovechándose de los sudores ajenos; y sin el menor respeto a las penalidades de los demás, sólo estaba atento a redondear sus ganancias. Enorme era, en consecuencia, el pecado del publicano. Ahora bien, si el publicano, con todo y ser un pecador, al dar muestras de humildad, se granjeó un don tan grande, ¿cuánto mayor no lo conseguirá el que está adornado de virtudes y se comporta con humildad?

Por tanto, si confiesas tus pecados y eres humilde, quedas justificado. ¿Quieres saber quién es verdaderamente humilde? Fíjate en Pablo, que era verdaderamente humilde: él el maestro universal, predicador espiritual, instrumento elegido, puerto tranquilo que, no obstante su físico modesto, recorrió el mundo entero como si tuviera alas en los pies.

Mira con qué humildad y modestia se define a sí mismo como inexperto y amante de la sabiduría, como indigente y rico. Humilde era cuando decía: Yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol. Esto es ser verdaderamente humilde: rebajarse en todo y declararse el menor de todos. Piensa en quién era el que pronunciaba estas palabras: Pablo, ciudadano del cielo, aunque todavía revestido del cuerpo, columna de las Iglesias, hombre celeste. Es tal, en efecto, la potencia de la virtud, que transforma al hombre en ángel y hace que el alma, cual si estuviera dotada de alas, se eleve al cielo.

Que Pablo nos enseñe esta virtud; procuremos ser imitadores de esta virtud.


https://www.deiverbum.org/lc-18_09-14/#Juan_Crisostomo

viernes, 2 de enero de 2026

Icono del Nacimiento

“Dichosos vuestros ojos porque ven” (Mt 13,16) -dice el Señor-. Y la Iglesia canta: “Nosotros adoramos tu nacimiento, oh Cristo; haznos ver tu santa Teofanía”.


Mientras Occidente prepara ésta gran Celebración embelleciendo un espacio en las Iglesias y los hogares con las imágenes que forman en conjunto el pesebre, y los personajes y animalitos se acercan a adorar al Niño ubicados sobre montañas de lona o papel pintados y cubiertos de paja, Oriente ensalza esta Celebración en una sola imagen que contiene en sí todo el conjunto y desarrolla en una sola escena personas y acontecimientos que tuvieron diferentes escenarios y tiempos: es el Icono del Nacimiento.

Su composición se remonta a los siglos IV y V; y de tal manera narra el relato evangélico que al contemplarlo parece prolongar un canto en el alma de los fieles: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!!. El color y la forma no imitan en nada las cosas de este mundo, se dirige a centrar la mirada en el acontecimiento sobrenatural, Dios se nos manifiesta. Tampoco da lugar a la sensibilidad que en nuestros tiempos suele acompañar estas Fiestas Santas que, según el calendario latino es acompañado por la Fiesta de la Sagrada Familia a celebrarse el Domingo siguiente de la Natividad, otorga así un ambiente que acentúa la persona de Jesús como el hombre-Dios. Por lo contrario, en este icono aprendemos a dirigir la mirada en este misterio insondable: “Hoy nace de la Virgen Aquel que en su mano tiene a todas las criaturas; está envuelto en pañales, El, que por esencia es invisible; siendo Dios, está tendido en un pesebre, El, que ha consolidado los cielos” (Tropario de la fiesta). Oriente cristiano nos devuelve al misterio, el Niño es Dios-hombre, y su misión es elevar la condición humana. Esa es la “filantropía” divina, la manifestación del amor sin límites de Dios por sus criaturas, hasta abajarse y hacerse uno como nosotros. En su pedagogía el icono es toda una enseñanza teológica:

Desde lo alto cae un rayo de Luz que destaca el movimiento descendente, la intervención de Dios que irrumpe en nuestra historia y en toda la creación. A partir de la estrella este rayo de Luz se trifurca en evidente alusión a la Trinidad. 

Destaca la oscuridad de la gruta, negra –color que no debe utilizarse en la iconografía- en ella se centra la figura del Niño. En la simbología de los colores el negro se utiliza sólo para el Hades o los infiernos a donde el Señor desciende para rescatar a Adán y Eva y a los justos que en los abismos aguardan la salvación. Este misterio del Nacimiento es también un “descenso a los infiernos”, un descenso al lugar donde habitan los hijos de Eva que esperan la salvación. De esta manera, el artista iconógrafo señala la misión de este Niño y da unidad a todo el misterio de la Encarnación que culminará en el Misterio Pascual, de ahí que también el Niño anticipadamente no yace sobre paja sino sobre un sepulcro y está cubierto con una mortaja no de pañales sus pañales! Los pañales-vendas mortuorias profetizan “la muerte vencida por la muerte”. Estamos lejos de la idílica imagen del dulce Niño de Belén. El es ya el Hombre de dolor del que habla Isaías (Is 53,3).

La Madre de Dios acompaña este lugar central, aunque fuera de la gruta, revestida de púrpura imperial, luego de haber dado a luz reposa apoyando su cabeza sobre una mano y se vuelve hacia nosotros con su mirada, como si estuviera meditando el conjunto del misterio, Ella que será la co-redentora. “La Encarnación fue no solamente obra de Dios, sino también obra de la voluntad y de la fe de la Virgen. Sin el consentimiento de la muy Pura, sin el concurso de su fe, ese designio era tan irrealizable como sin la intervención de las Tres Personas Divinas. Dios la toma por Madre y le toma prestada la carne que ella quiere darle. Al igual que El se encarnaba voluntariamente, también quería que su Madre le diera a luz libremente y de buen grado” (Nicolás Cabasilas)

Todo lo demás rodea esta escena. En lo alto, y a la izquierda, avanzan los magos representando a las naciones paganas en oposición a los pastores que simbolizan a Israel y nos recuerdan la figura del Pastor-Mesías, convirtiendo esta celebración en el punto de encuentro de los pueblos de la tierra. Con sus ofrendas los magos también están relacionados al acontecimiento pascual, pues como las mujeres que llevan aromas al sepulcro, ellos ofrecen oro, incienso y mirra. “Tu natividad, oh Cristo nuestro Dios, ha hecho lucir en el mundo la luz del conocimiento; merced a ella, los adoradores de los astros por una estrella han aprendido a adorarte”. “Los poderes humanos llegaron a su fin, el politeísmo idólatra quedó herido de muerte”, “los sabios observadores de los astros fueron llevados a Ti como primicia de las naciones”. Aquí se presenta el gran misterio de la Sabiduría de Dios.

A la izquierda, en la parte inferior, la escena del baño del niño recién nacido, sentado en la falda de la partera indica que Cristo no es un hombre aparente sino real, y parece aludir también al bautismo ya que la bañera tiene forma de fuente bautismal.

En el ángulo derecho inferior se visualiza a San José, en profunda meditación. Visiblemente aparte muestra que no es el padre carnal del Niño. Se lo representa en su momento de dudas, de hecho frente a él está un pastor que representa al tentador. Según P. Evdokimov “en la persona de José, el icono describe un drama universal  que se reproduce a través de todos los siglos. Su contenido es idéntico. El pastor-tentador afirma que no hay  más mundos que el visible y por tanto que no existe otro medio de nacer además del natural. Es la negación del principio trascendente, y eso es lo trágico! Un corazón lento en creer”. El rostro de san José puede expresar la angustia, la “tormenta interior” y en algunos iconos la Virgen lo mira con profunda compasión. Sin embargo, lejos de menoscabar la figura del mayor de todos los santos a quien fue confiado el cuidado de Hijo de Dios y de la Madre de Dios, su profunda y silenciosa obediencia lo ensalza, él es el varón justo que en toda ocasión escuchó la voz del Angel, e  “hizo lo que le fue dicho” (Mt. 1,24). Su obediencia y fidelidad a la voluntad divina es su entrada a la dimensión trascendente, es el salto en la fe movido por el amor divino.

Finalmente diremos de los ángeles cómo están representados en su doble ministerio: a la izquierda, vueltos hacia el Niño, en algunos iconos miran hacia lo alto, hacia la Fuente de la Luz mostrando su alabanza incesante a Dios; el de la derecha se inclina hacia el pastor y es el servidor de lo humano. En su inclinación hacia lo humano se siente toda la ternura angélica de protección, la vigilia incesante de nuestro ángel.

Contemplemos este icono con una última mirada y descubriremos una alegría muy pura: “Cristo nace, glorifiquemosle; Cristo desciende de los cielos, vayamos a su encuentro; Cristo está en la tierra, exaltemosle! Cante al Señor toda la tierra, y en vuestra alegría, pueblos, Celebrenlo!!”.

Hna. Adriana Barone, rbp



El Príncipe de la Paz ha nacido! Pidamos, por intercesión de la Madre de Dios, y del justo San José, la paz para el mundo, especialmente para Medio Oriente. Se digne descender a los infiernos de la guerra y consolar la angustia de muertes y carencias que consigo trae. Amén


Fuentes: EVDOKIMOV, Paul, El Arte del Icono – Teología de la Belleza, Madrid, Publicaciones Claretianas, 1991, 361 pag., (tr. española de Laura García Gámiz, Título del Original: L´Arte de L´Icône, s.d.).
SÁENZ, Alfredo, El Icono – Esplendor de lo Sagrado, 4.ª ed., Editorial Baraga, 2004, 422 pag., (1.ª ed., Bs. As., Argentina, Ediciones Glaudius, 1991)


Publicado en la Revista Allah Mahabba, Año XVII, N° 50. Diciembre 2016.Edición impresa.